Cómo cambian las cosas. El colegio de Ferreira de Pantón, que llegó a superar los 400 alumnos, hoy apenas llega al medio centenar. Las nuevas necesidades de espacio del centro permitieron destinar parte del espacio para albergar el centro de día que pronto empezará a funcionar en el municipio. Ayer, para que todos los vecinos conociesen las instalaciones, se celebró una jornada de puertas abiertas. Y la expectación por conocer el centro parece que era considerable. Aunque las visitas estabas previstas a partir de las seis y media de la tarde, poco antes de las seis ya había vecinos visitándolo. Mónica Arias , directora del centro estaba encantada con la respuesta vecinal. No sólo por las muchas visitas, si no también por el numero de apuntados como futuros usuarios, que ya llega a la docena. Ahora, a esperar a la apertura oficial, que aunque no tiene una fecha concreta, sí se sabe que será antes del 18 de febrero.
Lo que sí tiene una fecha concreta es el inicio del ciclo festivo del Entroido Ribeirao. Será este domingo -Domingo Lambedoiro- en la vieja escuela de Arxeriz, en O Saviñao. En Chantada, que es donde más arraigado está este tipo de carnaval rural, llevan ya semanas trabajando a la espera de la llegada de esta fiesta. En la Casa da Xuventude siguen trabajando en el taller de flores y colonias que adornan los puchos y ayer, el historiador y etnógrafo Xosé Manuel Vázquez dio una charla relacionada con estas fechas: Para qué o Entroido se non hai cuaresma . Algo de razón no le falta al titulo del acto, pero ¿por qué no?
Lugo puede presumir de la longevidad de sus mujeres y uno de los ejemplos es Pilar López , de la parroquia sarriana de Vilar de Sarria. Pilar cumple hoy un siglo. En su onomástica estará acompañada por sus seis hijos: Mari Carmen , Pili , Raimundo , Rodolfo , José Luis y Juan Manuel , sus ocho nietos y sus seis bisnietos. Nadie creería que Pilar se convierte hoy en centenaria y mucho menos ayer cuando acababa de llegar de la peluquería y lucía un magnífico peinado. «Mire bien si estoy guapa para la foto, que soy muy coqueta», dice con una gran sonrisa mientras empieza a desgranar recuerdos. El primero es para su marido Raimundo, oficial de notaría y fallecido hace solo dos años. «Pasamos 71 maravillosos años juntos. Iba a emigrar a Buenos Aires y me quedé cuando él se interesó por mí». Su hija Pili apostilla con orgullo que sus padres nunca discutieron y que con 90 años mantenían vivo todo el romanticismo en su relación. Con la lucidez de una persona joven, Pilar recuerda cuando en su infancia cultivaban lino para hacer las prendas con las que luego se vestían. Su mejor recuerdo es para lo que ella considera un gran invento, la lavadora. «Teníamos un pilón en casa y me parecía una maravilla, por lo que no quería comprarla. Al final me convencieron y al hacer la primera colada me quedé perpleja y lamenté no haberla comprado antes». La cara se le ilumina al recordar su juventud cuando las mujeres tenían que ir a las fiestas acompañadas de un hombre y ella siempre quería que fuera algún hermano por darle más libertad que su padre. «El problema fue que todo se acabó cuando se echaron novia y no me querían llevar».