«Si el asesino se presenta voluntario a comisaría, no le creen»

LEMOS

Una de las personas que más luchó para que el caso no cayese en el olvido asegura que los investigadores hicieron un trabajo muy deficiente

09 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Es como una hermana coraje. María Isabel López Rodríguez, hermana de María Elena López Rodríguez, la cajera del Cash Récord de O Ceao que fue asesinada el último día de abril de 1994, sacó fuerzas de flaqueza tras el dramático suceso. Cuidó a sus sobrinos, los sacó adelante con la ayuda de sus padres y, de paso, mantuvo una actitud muy activa para conseguir que el doble asesinato no quedase en el olvido.

-Coraje, desde luego, no le falta...

-Tuve que asumir el caso. A mi padre y a mi madre no les podía pedir que se pusieran a echarme una mano porque no podían aunque sí tenía su apoyo. Los niños eran muy pequeños. No sabía por dónde tirar porque sino hubiese hecho lo que fuese.

-Plantó cara a jueces y a la policía para que no aparcasen el asunto...

-Al principio iba por separado pero luego acabé uniéndome a la otra familia; pero, ni con esas. Pensamos en traer un investigador privado pero, como no aseguran nada y cuestan mucho dinero, lo descartamos. No nos lo podíamos permitir. Había que hacerse cargo de los niños y de toda la situación. Es duro, pero a ella ya no le íbamos a devolver la vida.

-¿Qué razones les dieron para archivar el caso?

-Que no tenían pruebas y que no podían echarle la culpa a nadie. Nos dijeron, además, que si nos enterábamos de algo, que fuésemos por la comisaría a contarlo por si acaso ellos podían tirar de algún hilo.

-¿Cree que realmente buscaron todas las pruebas?

-Yo creo que no. Para nada. A nosotros, por ejemplo, no nos investigaron a ninguno. Entonces se llega a la conclusión de que si no se investiga no se pueden tener pruebas. Yo siempre digo que si el asesino va voluntariamente a la comisaría y le dijera a la policía que fue él, no lo creerían. Aún lo dudarían. Aunque se confesase pienso que dirían que no era él.

-Debe ser una situación realmente difícil perder a un familiar y creer que no hay eficacia policial. ¿Es así?

-Es realmente muy duro, sobre todo por tener esa sensación de que no buscan, de que no investigan. Son dos personas a las que mataron y sinceramente, creo que el crimen perfecto no existe. Si hubiesen cogido huellas en el primer momento, investigado a las personas que estuvieron por allí, a testigos, a los últimos clientes... Pero es que a nadie. Nos resulta muy difícil de entender.

-¿Existían albaranes de compra? ¿Qué pasó con los clientes de esta fatídica tarde del 30 de abril de 1994?

-Los clientes quedaban registrados en los albaranes en los que también aparecían las compras que hicieron. De hecho, se habló de que el último comprador fue un hostelero del centro que, entre otras cosas, adquirió mucho aceite. No nos costa, nunca nos informaron, de que hubiese un control de los clientes.

-¿Y la investigación de las armas?

-El abogado nos dijo que habían investigado algunas y que nunca encontraron pruebas. Nunca llegamos a saber más de ese asunto.