Así funcionaban las antenas gallegas de la red Elektra

avier Lombardero

LEMOS

20 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Visitando el círculo que conforma la base y antena principal de O Arneiro, el director xeral de Comunicación Audiovisual, Manuel José Fernández Iglesias, recordaba la novela de Stephenson Neal Criptonomicom, centrada en el mundo de los códigos, los mensajes secretos, la transmisión cifrada y el espionaje. Y quien sabe el alcance de lo que se coció al principio y al final de las ondas de un moderno sistema de posicionamiento que el Tercer Reich operó desde uno de los lugares tecnológicamente más atrasados de Europa.

En aquellos años, parece que incluso había un teléfono para conectar directamente desde la base de Cospeito con Alemania. Y los mapas que servían para contrastar las zonas de emisión parecen revelar que la estación lucense fue determinante para las operaciones de los submarinos alemanes que durante la Segunda Guerra Mundial trataron de cortar la navegación de convoyes de abastecimiento a los aliados desde los Estados Unidos.

Porque las torres de O Arneiro, Veiga de Pumar y A Graña formaron parte de un complejo militar en el que también se integraba -además de las instalaciones de mantenimiento, seguridad y logística- y el aeródromo de la Luftwaffe en Rozas, a 15 kilómetros. Pero ¿cómo funcionaba? El propio director xeral y los ingenieros de la consellería Ignacio Otero y María Jesús Peteiro, explicaban los fundamentos de estos radiofaros.

Se basaba en tres antenas verticales de 112 metros de altura y separadas tres kilómetros entre sí, que emitían una señal de radiotelegrafía de onda continua en onda larga (300 kilohercios). Mediante un sistema de desfase en el tiempo, proporcionaba un sistema de radiación variable que giraba con el tiempo (rotando en el sentido de las agujas del reloj o en sentido contrario) y permitía una gran precisión para determinar la dirección de recepción.

El «sol eléctrico»

El sistema ideado por el doctor Ernst Kramar (un ingeniero checo que completó su formación en Dresde) fue bautizado como Elektra-Sonner (Sol Eléctrico) y Consol fue el nombre que le dieron los aliados, derivado de la traducción al español de Sonner (Con Sol).

Según el informe de estos técnicos, que seguramente podrá verse a través de vídeo o paneles una vez sea rehabilitada la base, la estación central de O Arneiro es la principal y transmitía al doble de potencia, normalmente un kilovatio, que las laterales.

Era una transmisión cíclica, repetida cada 40 segundos, y una parte de ese ciclo, ocho segundos, partía solo de la estación principal, con un diagrama de radiación omnidireccional. En código morse, partía el indicativo de la estación LG (por Lugo) que emitía en la frecuencia 285 kilohercios. La marcación se hacía en su parte del ciclo con un radiogoniómetro de cuadro.

Durante la segunda parte del ciclo, 30 segundos, transmitían las tres estaciones, una secuencia morse de 60 rayas (tres octavos de segundo) y puntos (un octavo de segundo) estando la señal de las laterales desfasadas en un cierto ángulo respecto a la principal. Existían 60 diagramas de radiación distintos.

Mil millas de alcance

En las cartas de navegación se trazaban las líneas de los sectores de puntos y rayas oídos por los operadores de los submarinos, barcos y aviones. Contando las rayas y puntos al sintonizar la estación se podría obtener la posición con una precisión de un grado. Su alcance era de hasta mil millas, y permitía cubrir gran parte del Atlántico, incluso hasta la altura de Azores, el canal de la Mancha y el Mediterráneo hasta Córcega y Sicilia, con sólo dos sectors de sombra en irlanda y el Estrecho de Gibraltar.

Los ingenieros de la Xunta aclaran que el tiempo necesario para calcular la posición hicieron inviable el sistema para la navegación aérea actual, que hace tiempo que utiliza el sistema de posicionamiento global (GPS) desarrollado por los estadounidenses a través de una red de satélites en el espacio.