Un paseo entre Frontón y Lornís

C. Rueda / F. Albo

LEMOS

Numerosos atractivos paisajísticos y etnográficos caracterizan dos aldeas del municipio de Pantón separadas por un par de kilómetros

02 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Sólo un par de kilómetros separan las aldeas de Frontón y Lornís, situadas ambas en la parroquia de San Xoán de Frontón, en Pantón, hoy en día comunicadas por la carretera que une Ferreira de Pantón con Santo Estevo, que sigue el mismo trazado que el camino que las enlazaba tradicionalmente. Un paseo por estas localidades permite disfrutar de numerosos atractivos paisajísticos y culturales. Para llegar a ellas hay que salir de Ferreira de Pantón por la mencionada carretera a Santo Estevo. Frontón se encuentra en el kilómetro 9,3 y Lornís, en el 11. Antiguamente, ambas aldeas formaban parte del señorío y jurisdicción del monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, al que debían pagaban los respectivos diezmos. El cultivo del maíz tuvo hasta tiempos recientes un gran peso en la economía de estos lugares. Prueba de ello son los numerosos hórreos que se conservan hoy en los dos pueblos. Como norma, cada vivienda tenía el suyo propio. Lornís, con ocho hórreos, es actualmente la que posee un mayor número de estas tradicionales construcciones. La aldea de Frontón se distingue particularmente por conservar una buena parte de sus antiguos caminos, como son los denominados de A Amieira y el de A Ribeira. Por el Camiño da Amieira se accede a los viñedos ubicados en la ribera del Cabe. Antiguamente empataba con el camino real que procedía del monasterio de Santo Estevo, y con el de As Queimadas, donde -a la altura del lugar de As Tapadas- se ramificaba hacia los núcleos de Lornís y A Estación. La zona conoció mucho movimiento en tiempos de la construcción del embalse de Santo Estevo y del puente del Sil. El Camiño da Ribeira fue muy utilizado por los vecinos de San Román, Lornís, Seragude, Frontón y Budián. Por él transportaban el grano a lomos de mulos hasta los molinos situados en el arroyo de Erbededo, por debajo de Frontón. Este camino arranca a la altura de la vivienda conocida como Casa do Cura de Frontón, atraviesa un bosque de castaños y pasa junto a la Pena da Coceira, lugar donde se encuentra la Cova da Moura, de la que se cuentan varias leyendas. Se decía que en una de sus galerías hay una laguna que encierra un tesoro sumergido. También se aseguraba que a la entrada de la cueva podía verse a una moura peinando a sus hijos. El camino pasa más adelante por el lugar de O Postillón, cruza el regato de A Táboa y llega al arroyo de Erbededo, donde estaban los molinos llamados de Severino. Uno de ellos se encuentra en el punto de confluencia de los dos arroyos. Dejaron de moler hace varias décadas y actualmente se encuentran en un estado bastante ruinoso. El camino seguía después hasta el Coto de Santomé, donde entroncaba con el de Budián. Frontón también tuvo una estrecha relación con el agua. Dos fuentes abastecían tradicionalmente a los vecinos y a las fincas situadas en el entorno de la aldea. La fuente de Moimón, situada en la parte alta del pueblo y al lado de la carretera, proporcionó agua a las viviendas hasta que fue construida la moderna traída. En cambio, la fuente de O Ramedo se utilizaba para regar fincas y castaños. El agua de este manantial pasa por el centro del pueblo, canalizada mediante tubos labrados en piedra de cantería que recientemente fueron sustituidos en su mayor parte por otros de hormigón. El caudal era recogido después en tres presas -conocidas como Presa da Vela, Cabo da Leira y Barreiros- y se distribuía a las fincas situadas en diversas zonas de Frontón.