La cosecha de castañas de este año no va a pasar a la historia por su abundancia y calidad. Pero eso no quiere decir que los magostos se vayan a resentir. De hecho, siguen celebrándose por todas las esquinas. Los que quieran hacerlo en el monte tienen que ser especialmente prudentes este año, porque este seco otoño amenaza con mantener alto el riesgo de incendios hasta que empiecen a retumbar los villancicos en los centros comerciales, que ya no falta tanto. Pero todos los magostos que les contamos hoy en esta sección se hicieron en el casco urbano de Monforte y fueron, por tanto, totalmente inofensivos.
Mucha gente se reunió ayer en el magosto del colegio A Gándara. Familiares de los estudiantes se encargaron desde primera hora de la tarde de llevar leña y un bombo viejo de lavadora en el que asaron cien kilos de castañas. Fue el más multitudinario de la jornada, porque estaba abierto no sólo a padres, profesores y alumnos, sino también a ex alumnos y a sus familias.
El magosto que se celebró ayer por la tarde en la sede monfortina de la Cruz Roja fue el más completo de los celebrados ayer, pero también resultó ser el menos frecuentado, ya que sólo acudieron quince chavales Eran pocos, pero se lo pasaron de lo lindo. Los voluntarios de la agrupación organizaron actividades basadas en la fiesta del Samaín, o de Halloween, como ustedes prefieran. Los niños podían pintarse maquillajes monstruosos y decorar calabazas. El más entrañable. Familiares de los alumnos del colegio de educación especial Infanta Elena de Monforte acudieron al magosto organizado ayer en el colegio. Antes de las castañas, profesoras y alumnos leyeron e interpretaron un cuento de miedo confeccionado días antes en las clases con un acabado espectacularcon grandes hojas y trozos de madera. La fiesta terminó con una comida en la que participaron profesores, padres y alumnos.
Ese fue el de la asociación de vecinos de A Florida, porque tuvo castañas pero también un concurso de dulces caseros con estancias en Augasantas y el parador como premios.