Localizan en Monforte un crucifijo del siglo XVI, probable obsequio de los Médicis al cardenal Rodrigo de Castro y posible obra del gran escultor Juan de Bolonia
27 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Esta cruz-relicario y el importante crucificado que hoy damos a conocer pertenecen actualmente al patrimonio de la parroquia de Santa María da Régoa. Proceden del colegio monfortino fundado por el cardenal don Rodrigo de Castro, hoy regentado por los Escolapios. Su actual paradero es consecuencia de la estancia de las tropas francesas en Monforte, especialmente crueles con el legado del cardenal de Castro: no contentos con apropiarse de cuanto era susceptible de ser vendido o fundido, destrozaron lo demás, llegando incluso a las ropas de la sacristía. Por este motivo, el entonces párroco de A Régoa, Manuel Viana, decide auxiliar al Colegio con el ajuar necesario para retomar el culto en la iglesia del entonces Real Seminario. El mayordomo y la junta del Colegio acuerdan entregar a la parroquia, como contraprestación por los bienes recibidos, esta cruz y el crucificado, restos del expolio francés, más una capa pluvial de gala «sin forro y destrozada por los franceses», como se recoge puntualmente en el Libro IV de Fábrica (Año 1809).
Realizada a finales del siglo XVI en madera de ébano y marquetería de marfil y nácar, es sin dudarlo la más espectacular de las cruces-relicario conservadas hoy en las iglesias y colecciones monfortinas. Mide 127 centímetros altura total por 59 (brazo menor). La cruz se inserta en una arquitectónica peana de dos cuerpos, a base de columnas dóricas con decoración taraceada en marfil, nichos que guardan reliquias, y coronada por frontones en los que se abren óculos-relicario, enmarcados por una decoración incisa sobre placas de marfil. La cruz, decorada con una fina lámina de marfil (frente), motivos geométricos de nácar (laterales), muestra 18 tecas o relicarios con sus marcos de plata, con algunas de las reliquias perdidas; en los extremos, unos hermosos remates de bronce dorado (fundido y cincelado) a base de volutas, hojas y cabezas de ángeles de cuidada ejecución y gran belleza, y un tanto barroquizantes. Estos remates, de similar factura a los de una croce d'apparato conservada en la abadía de Montecassino (Italia), de taller romano. Nuestra cruz aparece recogida en los diversos inventarios de relicarios, ropas y alhajas conservados en el archivo del Colegio y que originalmente portaba un crucificado de marfil desaparecido en el expolio francés.
Juan de Bolonia
Si importante es la cruz-relicario, el crucificado es excepcional, tanto por su calidad artística como por mostrarnos a Cristo totalmente desnudo. Fundido en cobre y dorado al mercurio («a fuego»), responde al modelo de Cristo muerto de tres clavos. Muestra una magnífica cabeza, ligeramente inclinada y caída sobre el pecho; cuidada anatomía de ecos miguelangelescos, pensada y ejecutada para ser mostrada en su total y completa desnudez.
En favor de nuestra atribución al gran artista italiano Juan de Bolonia o Giambologna hay que reseñar su excelente factura y el sensual modelado de la figura, tan característico del escultor, así como el tratamiento de los dedos y las uñas a la maniera de Juan de Bolonia. También conviene no olvidar que Rodrigo de Castro le encargó la escultura de su monumento funerario. Sus medidas -32 centímetros de los pies a lo alto de la cabeza- lo convierten en una pequeña gran escultura, con un acabado de orfebre que nos hace pensar en la intervención de su más cercano colaborador: Antonio Sussini. Rosario Coppel, reconocida especialista en bronces del Renacimiento, nos da la noticia de cómo antes de recibir su estatua funeraria de bronce (afortunadamente aún en el Colegio de Monforte), el gran duque Fernando I de Médici obsequia al cardenal con «un crucifijo como el de Pisa», obra de Juan de Bolonia. ¿El hoy conservado en Monforte? Poco después de llegar a la parroquia se monta en la cruz relicario, como se recoge en el citado Libro de Fábrica: «por la composición de una cruz y cucifixo que dieron de la compañía para la parroquia 136 reales».
Significado
La explicación de las relativamente abundantes representaciones renacentistas de Cristo desnudo (Nacimiento, Circuncisión, Crucifixión,...) no está, como algunos pretenden, fuera del cristianismo -una recuperación de la antigüedad clásica («el héroe desnudo»)-, sino que es fruto o exigencia de la teología renacentista, que podemos definir de encarnacional. Representar a Cristo desnudo supone mostrar, revelar que Dios se hizo «verdadero hombre». Estas representaciones tratan pues de reafirmar, ni más ni menos, la verdad central del Credo, la Encarnación, y traducirla en imágenes. Por otra parte, esta teología renacentista que considera el misterio de la encarnación como la verdad central de cristianismo, está íntimamente relacionada con la restauración de los studia humanitatis y la aplicación de los mismos a los temas cristianos.
Para concluir estas notas -que espero abordar más en detalle en un trabajo titulado Una cruz relicario de taller romano y un importante crucificado de Juan de Bolonia en Monforte. Una nueva aportación al mecenazgo del cardenal don Rodrigo de Castro -, apuntaré que estas obras que hoy damos a conocer contribuyen a engrandecer el mecenazgo artístico de nuestro cardenal, un mecenazgo profundamente coherente en lo ideológico con el espíritu de la Contrarreforma católica (culto a las reliquias) y enraizado en lo estético en el profundo apego a lo italiano, de lo que estas piezas son buen ejemplo.