La empanada recibió el domingo un nuevo homenaje en el banquete que organizan los vecinos de Ribas Altas
28 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Al decir Monforte, seguro que a la mente de muchos vienen imágenes dispares, como la Torre da Homenaxe o el Colegio de Nuestra Señora de la Antigua. Pero en el paladar del que haya pasado por aquí el recuerdo más vívido no hay duda que será el de la empanada.
El domingo se celebró en el área recreativa de Ribas Altas la fiesta que hace honor a este sabroso bocado. Unos cuatrocientos vecinos se reunieron para disfrutar del plato más representativo de la gastronomía local.
La Festa da Empanada de Monforte surgió en el año 96 como una iniciativa del Ayuntamiento, en aquel momento de los populares, con Nazario Pin a la cabeza. La idea era aprovechar el potencial gastronómico de Monforte de cara al turismo. La del domingo, como en los últimos cuatro años, fue organizada por la asociación de vecinos de la parroquia monfortina de Ribas Altas, escenario de la fiesta.
«Deixou de organizarse dende o concello fai máis de catro anos. Era unha gran montaxe, pero sen diñeiro», explica Severino Rodríguez. La celebración ya no se corresponde con el concepto tan extendido por la geografía gallega de fiesta gastronómica local, sino que se mantiene gracias al esfuerzo de la asociación de vecinos de Ribas Altas, que han continuado organizando esta fiesta de la empanada como propia de su parroquia.
El alcalde, uno de los participantes del domingo en Ribas Altas, afirma que la cita mejora año a año. «Colaboramos no que podemos, e seguiremos facéndoo para potenciar esta festa como unha actividade importante máis. Pero tamén é interesante que os veciños promocionen os productos típicos. A empanada é importante, como outras cousas. Monforte leva un gasto xa de moitos millóns de pesetas, e o Concello o que non pode é facelo todo».
Los artesanos panaderos hoy participan desde sus negocios preparando las empanadas que los propios vecinos llevan de forma individual. «El domingo trabajamos casi tanto como un sábado normal, aunque la tormenta desanimó seguramente a mucha gente», aseguró Elsa Quiroga, trabajadora de la panadería Morín que otros años sí acudió a la fiesta.