«Prefiero retratar a mujeres»

Carlos Vázquez LUGO

LEMOS

PRADERO

Reportaje Alfredo Bongianni se vino a Lugo en 1995, es fotógrafo y dice que en su trabajo hay que capturar ese instante esencial

09 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando pisó tierra lucense, en 1991, Bongianni tuvo la sensación de encontrarse en una localidad pequeña, acostumbrado a vivir en Roma, su ciudad. «Nunca pensé que podría acabar residiendo aquí», confiesa, si bien reconoce que con el tiempo cambió su parecer y dice que ahora sabe valorar la tranquilidad que se respira en esta urbe. A sus 50 años, explica que fue su esposa, a la que conoció estando de vacaciones en Mallorca, quien le habló de Lugo aunque no quedaría impresionado hasta descubrir la Muralla. Reconoce que a pesar de ser una persona viajada, nunca antes había oído de su existencia y su pregunta al recorrerla a pie fue de cómo algo tan majestuoso pasaba tan desapercibido en el exterior. «Estaba acostumbrado a ver restos en Roma, pero allí no están tan bien conservados como aquí», asegura. Bongianni agradece a los lucenses que nunca le hicieran sentirse un extranjero, algo que para él es importante. «Me apasiona el contacto directo con la gente a través de la fotografía», dice seguro y afirma que de cada persona conserva algo especial. Y a la hora de escoger, prefiere dirigir su objetivo «a las mujeres y niños». Señala que si tuviera que elegir una foto no podría escoger una «porque como más disfruto es realizándolas». El buen profesional, asegura Alfredo, debe «saber capturar ese instante esencial para la fotografía. «Si eres capaz de verlo y tienes habilidad para sacarlo, entonces sí podrás realizar buenas fotos», asevera. Pero Bongianni advierte que ese momento es efímero a la vez que se muestra convencido de que, tratándose de personas, conviene primero ganar su confianza antes de presionar el disparador, aunque sin olvidar hacer un buen enfoque y la iluminación. «La peor hora para fotografiar es la del mediodía», asegura y añade, que también es conveniente contar con que normalmente se trabaja con personas que no son modelos, pero que confían plenamente en que el fotógrafo va a sacar lo mejor de su persona. «Por ello debemos sentirnos orgullosos de nuestra profesión», afirma el artista. Pero el trabajo de fotógrafo tiene sus enemigos y uno de ellos es el sol de mediodía. «A esas horas y sin ninguna sombra cerca, el sol es peligroso y ofrece una luz poco atractiva para el objetivo», advierte. Cuenta que vive su actividad con la alegría de saber que habitualmente capta los momentos de mayor felicidad para las personas y que muy pocas profesiones permiten eso, concluye. El romano explica que si tuviera tiempo o se dedicara a ello, le gustaría fotografiar edificios como los que ocupan el solar del desaparecido Gran Teatro. «Para denunciarlo». Aunque todo el interior de la Muralla en su conjunto le parece merecedor de una instantánea, pues lo considera una joya. Al italiano le atrae «observar la parte estética de las cosas» y confiesa que le produce dolor ver el escaso cuidado que hay en esta cuestión, en Lugo y demás urbes. La revolución digital le sorprendió a mitad de su carrera, aunque se define como un entusiasta de todo lo que supone una novedad. A estas alturas, indica, «ya no concebiría una vuelta atrás».????????Asegura que al principio no fue fácil pero que conviene precisar ya que «cambió el medio, la forma de controlar la imagen, pero la base sigue siendo la misma», advierte. Y lo explica diciendo que se sigue utilizando los mismos objetivos y midiendo la luz con exposímetro, a pesar de los avances. La diferencia es que «en vez de carrete tengo un captador de imagen, cuento con más formas de impresión y puedo usar la red para un escaparate virtual». Se lamenta de que el fotógrafo actual tenga que realizar todo el trabajo que se repartía con el laboratorio. Esa carga de faena, según lo que él dice, aún no se ha trasladado a la percepción económica que les correspondería, sobre todo porque al cliente le cuesta entenderlo.