«Me casé sin entender al juez»

Carlos Vázquez LUGO

LEMOS

CARLOS VÁZQUEZ

Reportaje | Europeos en Lugo Roland Voyer es anticuario, de origen francés y asegura que en la actualidad una máscara «salvaje» cotiza mejor que la talla de una Virgen del románico

20 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Se declara ciudadano europeo y dice estar en contra de los localismos. Roland Voyer es anticuario, nació en la localidad de Clermont-Ferrand (Auvergne) en 1948 y vivió en París hasta su traslado a Lugo, si bien previamente residió durante algunos años en O Barco. El motivo que le llevó a dejar Francia fue haber conocido a una gallega que entonces estudiaba en la ciudad parisina. Después de vivir algún tiempo allí, se vinieron a España aunque él no sabía hablar el idioma. «Me casé en Lugo y sin entender nada de lo que me decía el juez», subraya Voyer. Con anterioridad, el francés había recorrido toda la costa norte hasta Finisterre, en 1971, quizá como un adelanto al destino que le esperaba. Pero fue al llegar a Valdeorras y encontrarse con muchos objetos franceses lo que más le hizo reflexionar al verse comprando cosas en O Barco provenientes de Francia. «Lo bonito de las antigüedades es el camino que realizan los objetos. Viajan igual que la gente», expresa el anticuario que tiene su tienda en la rúa Nova. Saber diferenciar Roland comenzó en el mundo de las antigüedades yendo a subastas. Dice que aquí no es como en Francia, donde desde el siglo XVI existen notarios dedicados a custodiar y subastar un legado. «Tras descubrir ese mundo, me impresionó la posibilidad de encontrar en una sala objetos de gran valor que pertenecieron a varias generaciones y por las que se podía pujar por ellas», explica el entendido en antigüedades. El anticuario dice que uno de los equívocos mayores que se dan en Galicia y concretamente en la provincia de Lugo, es no saber distinguir las antigüedades de lo que, según él, forma parte de la etnografía. También considera que las antigüedades son cosas de gran calidad realizadas por profesionales. En cambio, señala que los objetos etnográficos son muy interesantes para el estudio, llevan una gran carga sentimental y cultural pero suelen ser, añade, cosas muy sencillas y que la gente usaba para sobrevivir. Según él, son objetos poco elaborados y a los que les faltaría profesionalización. El arte africano cotiza Voyer colecciona en su local cuadros y piezas de origen africano, árabes y también europeas. Incide en que normalmente la alta burguesía, el capitalismo, busca el arte más convencional, el más conservador. Por eso, dice, los impresionistas, que rompieron con la pintura académica, con lo figurativo, tenían tantas dificultades para vender en su época. Aficionado a las antigüedades desde muy joven, Voyer resalta que el arte «salvaje» se valora ya más que el europeo. «Una máscara del siglo XIX se cotiza más que la talla de una virgen románica», subraya. Y pone el ejemplo en los 6 millones de euros pagados en subasta por una máscara de la etnia Fang, de la República de Gabón. Explica que las máscaras se usaban en los ritos y contienen mucha simbología. En el escaparate de su tienda de antigüedades se muestra una máscara con la incrustación del cráneo de un mandril, piel de serpiente y pequeños clavos de latón. Su precio alcanza los 600 euros. De la cultura asiática además de la africana, Roland destaca que inspiró a muchos artistas muy cotizados hoy. Van Gogh se inspiró en el arte asiático y Picasso, añade, se fijó en todo el simbolismo de las culturas que no utilizan la escritura. «En lo abstracto, el valor no es lo material, sino lo que se quiere expresar, la sensibilidad que entraña. Para el artista, lo difícil es coger la esencia del arte y plasmarlo en algo», concluye. Laxeiros y Picassos falsos No todo lo que se vende es original, dice Roland. Hay muchos Laxeiros y Picassos falsos», alega el anticuario de la región de Auvergne. «También hoy existen otros Picassos y Laxeiros, aunque no se ven aún». Afirma que no hay pintura gallega o francesa, que existe el arte y la pintura es una especialidad en la que sí puede destacar un gallego, francés o cualquiera.