Entrevista | Ricardo Flecha Barrio
30 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.La procesión de la Virgen de la Esperanza estrena el lunes el paso, La Oración en el Huerto, encargado por la cofradía al zamorano Ricardo Flecha Barrio. El escultor afirma que atendió el encargo con especial cariño porque representa un instante de la estancia en el Huerto de los Olivos que no formaba parte de la Semana Santa. -¿Desde cuándo hace imágenes religiosas? -Desde que me inicié en esto. Mi vocación siempre ha sido ésta. Soy cofrade en Zamora y eso imprime carácter a lo que uno hace. -¿Todas sus obras son imágenes religiosas? -Toda mi actividad se ha desarrollado dentro de la imaginería religiosa, aunque tengo obras religiosas de otro carácter que no son tallas de madera. -¿Hay muchos profesionales? -Hay un problema, que salvo en el sur, en la zona norte el oficio de imaginero se perdió el siglo pasado y nadie lo enseña. Quedamos una serie de personas pero desperdigadas por Valladolid, Salamanca, León y en Zamora soy yo solo. Sin embargo, en Andalucía, en cualquier pueblo hay tres o cuatro y funcionan talleres. En Sevilla hay una treintena y tienen muchísimo trabajo. -¿Usted dónde se formó? -Soy licenciado en Bellas Artes, pero en la Facultad no me enseñaron nada en cuanto a imaginería. También estuve trabajando con un escultor de Zamora y de tallista en un taller. -¿Sigue habiendo escuelas como en el XVI y el XVII? -No, hay modos de trabajar, que los determina el propio sentimiento. Un andaluz no puede trabajar igual que un castellano. Hay tres tipos de Semana Santa y tres tipos de imaginería: la levantina, la andaluza y la castellana o central, por llamarla de alguna manera, porque se puede considerar que abarca desde Bilbao hasta Galicia. -¿Por qué se caracteriza cada una? -Son tres maneras de entender las imágenes y de representar a Cristo en el momento de la pasión. Eso sí existe, pero lo hace el carácter; no es que haya una escuela que dicte unas normas. Una imagen castellana o del norte, en Andalucía no gusta nada. -¿Qué rasgos tienen? -Por ejemplo, las vírgenes andaluzas se representan muy jóvenes; no tienen dolor, sólo tienen pena, expresada con lágrimas. Las vírgenes del norte son mayores y no están llorando sino clamando, con los brazos abiertos pidiendo explicación. Esa tipología también se desarrolla en los cristos, que en Andalucía son muy guapos y no sufren en la cruz. En la zona norte el Cristo es muchísimo más dramático. Son características determinadas por el temperamento, por la manera de ser, incluso por el clima. Las imágenes levantinas tienen mucha luz, están llenas de oros y brillos. -De todas formas, el Cristo que acaba de hacer para el paso lucense de La Oración en el Huerto tiene unos rasgos modernos, como los de un chico actual. -Sí, pero ha sido de forma muy consciente. Yo soy muy crítico con las imágenes religiosas que se ven en nuestros desfiles procesionales. No es que tenga que valer lo mío, pero es cierto que seguimos copiando las imágenes del siglo XVI; le rezamos a los mismos cristos que la gente de hace 400 años. Estamos empezando a apreciar una imagen no por lo que nos diga religiosamente, sino por lo que nos diga de belleza. Fundamentalmente no es una manifestación de belleza, aunque la pueda contener, una imagen tiene que transmitir fe. La imaginería religiosa se ha estancado en el esplendoroso pasado y tiene que evolucionar, sin romper nada, pero avanzar. Yo intento que todas mis imágenes sean actuales porque son para que las vivamos nosotros como las del XVI eran para la gente que vivía en ese siglo. -¿La imaginería se quedó atrás con respecto al resto de la escultura? -Claro, porque si la escultura española alguna vez fue grande en Europa, se debió a la de madera policromada, en la que hubo grandes escultores, que no se dieron en piedra ni bronce. Hay que revisar toda la imaginería porque debe llegar a los jóvenes, causarles impacto visual. -¿El realismo se sigue manteniendo en las imágenes, incluso en las suyas? -Sí, y la gente que ha ensayado con otras tendencias fracasó. Un Cristo cubista no tiene sentido y carece de valor religioso. -¿Se puede ser escultor imaginero sin ser creyente? -Imposible, y ese es el gran problema actual, que escultores creyentes quedan muy pocos. Si no existe un sentimiento, no se puede transmitir, el resultado sería una imagen muy fría. -¿El aspecto artístico es secundario? -En la imaginería tiene que ser así. Yo espero que mi obra se juzgue más por lo religioso; hago imágenes para que la gente rece. -¿A quién admira más? -Me gusta Gaspar Becerra y me encantan dos gallegos: Moure y Francisco Leiro. En la imaginería española hay tres pilares, que son Gaspar Becerra, Juan de Juni y Gregorio Fernández, que lo condensó todo. -¿Cuánto tiempo le dedicó al paso de Lugo? -Lo cogí con mucho cariño porque me gustaba la idea y lo llevé poco a poco. Una imagen se hace en cuatro o cinco meses pero esta la fui pensando con reposo y tardé un año en hacerla.