Entrevista | Wenceslao Posada Tanto en la polémica del auditorio como en cualquier otro asunto, el presidente de los arquitectos es partidario de que se generen debates que pongan de relieve la viveza de una ciudad
16 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Wenceslao Posada dirige una entidad que participa activamente en los debates públicos, incluso organizando actos y sesiones de carácter monográfico. Sin embargo, en esta polémica sobre la ubicación del auditorio el presidente señala que manifiesta su opinión particular, no la del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia en Lugo. -El COAG organizó hace un año unas jornadas con expertos que explicaron las experiencias de ciudades que tomaron la decisión de hacer el auditorio en las afueras y el museo en el centro. Daban un respaldo al tímido intento del alcalde de cambiar el emplazamiento. ¿Considera que en el Concello no recogieron el guante? -Nosotros podemos abrir un foro de debate sobre cualquier tema, pero el Colegio como entidad no pasa de ahí, porque entre los propios colegiados las opiniones son diversas, al margen de las conclusiones a las que se llegue. Siempre que organizamos foros, la finalidad no es compendiar lo que quiere la gente, que puede ser peligroso por razones obvias. Incluso aunque haya una opinión mayoritaria, no quiere decir que la conclusión sea una, y muchísimo menos que se interprete como la decisión del propio colectivo. Si puede generarse una apreciación de que en nuestro colectivo hay más personas que son partidarias de una determinada decisión, se queda en eso. -¿Cree que en general las opiniones del Colexio en asuntos de interés público son tenidas en cuenta por las administraciones? -A nosotros lo que nos interesa en primer lugar, en este o en otro asunto cualquiera, es que sean elementos de discusión. Lo peor que puede ocurrir es que la gente pase de las cosas. Es evidente que el centro de Lugo tiene que revitalizarse porque se está muriendo, y todo lo que sean puntos de reunión en un lugar de carácter, es interesante. Pero esos puntos de reunión pueden ser esparcidos en el tiempo o pueden tener una actividad mucho más cotidiana, que puede ser la más interesante. Ahí depende de la gestión que se haga. A veces parece que estamos haciendo muchas cajas de todo, pero después la actividad que se les imprime deja mucho que desear, bien porque no hay dinero, porque no hay buenos gestores o porque no se logra crear un interés en la gente. -¿Entonces, qué determina la ubicación? -Si se consiguen unas actividades del día a día, es preferible traerlas a una zona centro y justificarían un tipo de asentamiento. Pero también es cierto que el museo del que se está hablando puede aportar, igual que el auditorio, esas actividades paralelas más cotidianas. -¿A usted le parece que el informe del Icomos da en la diana o es infumable? -Tengo que partir del dato de que ni yo personalmente ni el Colegio conocemos el informe. Por lo que trascendió a través de la prensa, parece ser que no es vinculante ni sistemático. Si es así, se queda uno perplejo porque en cualquier momento, como el de ahora, en la recta final del auditorio, puede incorporarse un elemento nuevo que distorsiona todo el proceso. Si es una iniciativa del propio Icomos y estaba enterado, debería haberlo presentado con bastante antelación. -¿Edificios de reciente construcción o reconstrucción en calles como la ronda o Teatro dan argumentos a los defensores del auditorio en San Fernando? -Conociendo la realidad de la Muralla, tenemos que admitir que ya estaba un poco agachada. Hay dos tipos de volumetrías dentro y fuera de la Muralla, y en el exterior hay unos volúmenes y unas soluciones arquitectónicas que no son afortunadas, porque no tuvieron en cuenta el monumento. Ahora el lugar del problema está próximo a ella y en su interior, pero el acogotamiento de la Muralla tanto le viene del recinto interno como de la ronda exterior. -¿El colectivo que preside forma parte de la «gauche divine», como lo calificó recientemente el alcalde? -La gauche divine se le aplicó a la corriente surgida en Cataluña a finales de los años 60 y principios de los 70. Los tiempos no son iguales, pero yo tampoco lo considero un descalificativo. -Pero entre el Concello y el COAG no parece haber mucha química. -Desde siempre, el Colegio investiga cosas u opina, y se generan roces. Hace 20 años ya hubo problemas con la Diputación, incluso con querellas por medio.