Reportaje | Daños en As Pontes Xaime Fontao es un ejemplo de lo que le ocurre a otros ganaderos que no reclaman porque es difícil demostrar con pruebas que ha sido el depredador
03 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.? Xaime Fontao no parece tentarle en absoluto la vida loca de la ciudad. Nació y vive en Deveso, una parroquia que se desperdiga por el monte Caxado de As Pontes. Habita Xaime en la casa de piedra en la que nació, situada en el lugar de Xarel. Tiene teléfono, luz... «¿Que máis quero?». Su vida discurriría de lo más apacible cuidando de sus vacas, gallinas, ovejas y cabras que le dan de comer si no fuese porque este año los lobos atacan y matan a su rebaño. Xaime y Avelino, otro vecino de Deveso al que le han desaparecido dos ovejas, reciben al curioso con semblante sonriente. Con el mismo buen humor recorren los campos para mostrar lo que queda de la última víctima del depredador: una cabra de dos años que estaba preñada y que no pudo escapar de las fauces del lobo. «Si me deran vinte mil pesetas por ela non a vendía, pero agora xa...», se lamenta Fontao. El ataque se produjo hace una semana. «Vino comendo nela, pero ao verme escapou», cuenta Xaime. El ganadero empezó a descontar ovejas y cabras de su abundante rebaño a finales de septiembre. Desde entonces le han desaparecido unos veinte animales, aunque sólo ha presentado denuncia por dos ataques acaecidos el 17 de enero y el 12 de febrero en los que murieron siete. Recogida de datos Los ganaderos saben que para obtener algún tipo de indemnización de la Consellería de Medio Ambiente -que otorga ayudas por los ataques de animales salvajes al ganado- resulta imprescindible demostrar que ha sido efectivamente el lobo el depredador y, por supuesto, deben quedar restos de la víctima. De indagar estas cuestiones y de obtener pruebas se encargan, en este caso, los agentes de la Guardia Civil del Seprona (el servicio de protección de la naturaleza), que en las dos denuncias presentadas por Xaime acudieron para tomar su testimonio y recoger pruebas. El afectado tampoco parece ansioso por cobrar dinero. Eso no es lo importante. «Aínda que non me pagaran, se polo menos quitaran ao lobo de aquí...», indica. Porque este año y para evitar más bajas en su rebaño Xaime, o su hermano, lo vigila constantemente. Y cuando no puede, pues las ovejas y cabras se quedan en el establo. «Se collo unha escopeta e mato un lobo, aínda por enriba métome nun lío», dice sonriendo.