LA TRIBUNA | O |
10 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.LA PROLIFERACIÓN de listas independientes es habitual cuando se acercan las elecciones municipales, pero en el caso de la comarca de Sarria es casi una invasión. En los próximos comicios es posible que cuatro concellos de la zona presenten candidaturas y no es descartable que alguno más se añada a la lista. Esta cifra no significa que las gentes de la comarca tengan una marcada vena independentista, sino que existen muchos intereses por controlar el poder que supone tener presencia en los concellos. Las alianzas más rocambolescas se dan por válidas si se disfrazan -nunca mejor utilizado el término cuando estamos llegando al Carnaval- bajo unas siglas en las que aparezca por algún lado el término independiente. Populares y socialistas de pro se convierten en independientes convencidos en apenas unos minutos, los justos desde que les comunican que no van a ir en un lugar de salida en sus antiguos partidos hasta que se encuentran con el primer amigo al que pueden apuntar a su nuevo partido. Amigos de toda la vida se convierten en rivales políticos y enemigos irreconciliables se transforman por arte de siglas en los mejores compañeros de partido por aquello de la afinidad ideológica, que en este caso no es otra cosa que apego al cargo. Estos arquetipos son comunes a todos los lugares, pero en el caso de esta comarca podemos encontrar subespecies como cacharristas en Sarria, socialistas cabreados con el partido en Samos, enfadados por el impuesto del agua también en Samos, e intentos de ganarse la confianza del PP en Portomarín y Láncara. Todas esas mezclas no son en principio peligrosas, pero dependiendo con que o con quienes se mezclen pueden crear un cóctel explosivo.