TRIBUNA | O |
16 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.CON ENORME satisfacción nos hemos enterado hace escasos días de la definitiva ubicación en la villa de Sarria de una delegación y oficina permanente de la Unesco. Esto, que podría parecer un sueño, se ha llevado a cabo gracias al tesón y a la entrega de un solo sarriano, que tuvo la genial idea, la gestó con calma, a lo largo de varios años, y la trabajó con no poco esfuerzo. Nos referimos al escultor José Díaz Fuentes, a quien todos debemos el fruto de su ingente labor, no sin contratiempos, seguramente ya olvidados. A cualquiera, mínimamente enterado, la consecución de tal empresa le parecerá algo grandioso, pero para el común de la ciudadanía conviene recordar la gran proyección que va a adquirir el pueblo en un futuro, tanto a nivel social y económico. Podemos afirmar, sin lugar a equivocarnos, que en el futuro inmediato el nombre de Sarria no pasará desapercibido fácilmente y será, por el contrario, espejo en el que se miren otras villas e incluso ciudades de Galicia, que no cuentan con semejante escaparate. Si el trabajo en equipo, cuando está bien hecho, conduce a resultados altamente safisfactorios, es de alabar y, mucho, que el empeño de una sola persona haya conseguido semejante meta, previsible por otra parte, dada la magnífica muestra artística del Salón de Otoño de París, con la que ya obsequió a sus paisanos durante dos años consecutivos. Gente así, emprendedora, soñadora, inquebrantable en la consecución de sus objetivos es la que necesitamos en este pueblo de Sarria; gente que impulse a los demás y les haga creer en un pueblo dinámico y abierto