TRIBUNA | O |
04 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.AUNQUE NO esté bien, soy de ese tipo de individuos adictos al coche para todo. Aunque luego también esté en contra de todas esas empresas que llenan nuestro cielo de CO2 y opine que donde mejor se vive es en el campo, libre de todos esos coches de la gran ciudad... El caso es que esta mañana, después de dejar el coche en el taller, me decidí a utilizar el bus urbano de Monforte. No soy usuario habitual de este medio de transporte. Hacía al menos diez años que no tomaba un autobús, ni urbano ni de ningún tipo. Me llevé una grata sorpresa cuando al subir, el conductor sonrió e incluso me regaló un gesto de simpatía. El último conductor que recuerdo era más bien seco y malhumorado. Todo el viaje, aunque corto, estaría lleno de sorpresas... La siguiente sería ver que poco a poco el bus se llenaba de gente. Hace años éramos cuatro los que usábamos aquellos viejos buses rojos que temblaban como la montaña rusa de un parque de atracciones. Las primeras en subir serían unas señoras de unos 70 años que bromeaban con el conductor diciéndole: «Imos no bus dos vellos». No le faltaba razón. De las doce o trece personas que viajaban, sólo yo bajaba de los sesenta y tantos. A finales de año se adjudicará el servicio de bus urbano. Hay gente que opina que un servicio como este es deficitario, poco útil y para una ciudad como Monforte, innecesario. Yo creo que no. Es más, es muy necesario. ¿Cómo iban a bajar esas señoras -que hacían migas con todo aquel que subía al bus- a hacer la compra desde Ribas Altas? ¿Cómo iba a ir ese señor de Piñeira a pagar el recibo de turno al ayuntamiento? Por más que sea «o bus dos vellos», bastante aislado se siente uno cuando tiene 70 años y vive en una parroquia, como para que encima le quiten uno de los pocos medios de relación que tiene. Es más, yo ampliaría el servicio e intentaría llegar a más parroquias.