Crónica | Suspensión de la reunión en el Portomarín antiguo El temor a un posible control de la Guardia Civil de Tráfico ocasionó que las fiestas del Cristo no cuenten entre sus actos con la cena en el pueblo anegado por el embalse
28 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.La sequía de hace dos años ocasionó que el pueblo antiguo de Portomarín quedara completamente al descubierto. Por ese motivo los integrantes de la comisión de fiestas decidieron que una de las jornadas de los festejos consistiera en una cena en el lugar que ahora está cubierto por las aguas y del que lo único que se ve habitualmente es alguna de las contrucciones que estaban más elevadas. La convocatoria supuso un éxito total y absoluto que incluso llegó a desbordar por completo las expectativas más optimistas de los organizadores. Centenares de personas acudieron a la primera cena, en la que compartieron una gran parte de los recuerdos que añoraban de los tiempos en los que su quehacer diario se desarrollaba en casas, comercios o iglesias que ahora estaban sepultadas bajo las aguas del embalse. Las emociones eran muy intensas sobre todo en el caso de algunos vecinos que abandonaron la localidad para buscarse la vida en otros puntos muy lejanos y que revivieron todas sus emociones días antes de la gran cena con un redactor de La Voz de Galicia. El éxito del primer año hizo que los responsables de la comunidad de montes en mano común, organizadores tradicionalmente de los festejos, optaran por colocar ese acto como uno de los más importantes en los festejos. La respuesta de la gente todavía fue más mayoritaria en la segunda edición del certamen. La mejor publicidad es el boca a boca y muchos que no se enteraron o no pudieron acudir el primer año no dejaron escapar la oportunidad de acudir en el segundo. Con ello ocasionaron que el pueblo viejo de Portomarín resurgiera por segunda vez de sus cenizas, en este caso que emergiera de las aguas, en otra noche mágica. El acto, más que convertirse en uno de los de obligada inclusión en el calendario festivo, se transformó en un clamor popular. Nadie en la localidad quería perderse la oportunidad de cenar y bailar en su antigua casa ni de jugar con amigos de la infancia., recordando los tiempos en los que nadie había pensado en inundar el pueblo para conseguir energía eléctrica. Todos daban así por supuesto que este año la cita volvería a repetirse y por ello su decepción y su tristeza fueron enormes cuando comprobaron que este año el programa de fiestas no incluía ese acto. El lunar no hay que apuntarlo en el debe de los entusiastas ramistas, que hicieron más de lo humanamente posible para garantizar que el acto se celebrara. El problema no fue otro que la entrada en vigor del carné por puntos. El temor a que a escasos metros del viejo pueblo anegado se instalara esa noche un control de tráfico fue un riesgo demasiado grande para los organizadores, que con buen criterio no quisieron asumir. El año pasado hubo ciertas garantías de permisividad, pero este año no fue así y el acto tuvo que suspenderse.