En primera persona | José Luis López Este sarriano escogió la opción de regresar desde Barcelona en coche al verse atrapado en el caos que sufrió el pasado fin de semana el aeropuerto del Prat
31 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Llegué al aeropuerto del Prat a las 11.30 y sin la más mínima sospecha de lo que podía ocurrir. Cuando entré me llamó la atención la cantidad de gente apelotonada delante de los mostradores para hacer los embarques de todos los vuelos. Cuando vi lo que sucedía y como no llevaba equipaje opté por facturar en una de las máquina automáticas. En la tarjeta, al igual que estaba sucediendo en los mostradores, figuraba la hora de salida (12.30) la puerta de embarque (27) y mi ubicación en el avión (19D). Con la tranquilidad que en teoría supone contar con todo en regla me dirigí a la puerta indicada para subir al avión. La primera sorpresa fue que en dicha puerta se encontraba a la espera de salida un vuelo con destino a Mallorca, cuya hora estimada eran las 10.40. Ante las dudas, opté por ponerme en contacto con la agencia que me expidió el billete. En la primera conversación me dijeron que todo estaba correcto y que el vuelo se mantenía sin ningún problema. En principio me tranquilicé, y más al escuchar por la megafonía que algunos vuelos, entre ellos supuse que el mío, sufrirían alguna demora por una huelga del personal de tierra de Iberia. Mientras daba un paseo para estirar las piernas me dirigí a una zona desde las que se veían las pistas y me percaté que sólo había dos aviones, un número que me pareció escaso considerando que ese día estaban programados alrededor de 900 vuelos. En ese momento me llamaron desde la agencia para confirmarme la huelga y para decirme que en principio mi vuelo no estaba anulado. Decidí preguntar a personal del propio aeropuerto, pero entonces se produjo otra nueva decepción. En la zona en la que me encontraba es habitual ver a personal de varias compañías de las que operan en el aeropuerto, pero la realidad es que en ese momento no había absolutamente nadie. Un poco después vi a una trabajadora de Aena rodeada por multitud de personas y que lo único que ofrecía eran hojas de reclamaciones, las cuales agotó en pocos minutos. Ante la carencia de pliegos de descargo informaba a los desesperados viajeros que la única alternativa que tenían eran reclamar por Internet y para ello les daba la dirección de la página de Iberia. La ausencia total de personal fue lo que más me indignó y lo peor es que en los paneles informativos decían que los vuelos iban a salir. Eran las 14.40 y, en teoría los vuelos de esa hora salían, según los paneles. En ese momento opté por hacer una composición de lugar. No habían ningún avión en la pista, ningún personal de ninguna compañía y todos los vuelos figuraban con salida a la misma hora. Estaba claro que por lo menos mi vuelo no iba a salir y que la información oficial que estábamos recibiendo era falsa. Con ese panorama desalentador decidí emprender el viaje a Sarria por carretera. Tomé un taxi, después de haber esperado casi una hora, para dirigirme a la sede de la empresa en la que trabajo y tomar un vehículo. Lo que sí puedo constatar, al margen del enfado es que los hicieron su agosto unos días antes de que comenzara este mes fueron tanto los taxistas como las compañías de coches de alquiler. En pocos instantes no quedaban coches para alquilar y los taxistas no daban abasto para cubrir tanta demanda de viajeros. Ahora, tras entregar la tarjeta de embarque en mi agencia de viajes, la única esperanza es que tengn el detalle de permutarme el vuelo y no pierda el dinero del billete. Al final empleé en llegar a Sarria 19 horas. Yo por lo menos estoy en casa y sano y salvo, otros todavía estarán en el aeropuerto.