TRIBUNA | O |
07 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ALGUNOS políticos entran en los problemas como los trenes en vía muerta. Yo que he vivido en Paradai, cerca de la estación, siendo mi tío Ramiro ferroviario, sé de que hablo. Durante una década he escuchado los silbidos del tren, los topetazos de los vagones y el chof-chof de las viejas máquinas de vapor. Las declaraciones de la conselleira de Política Territorial, María José Caride, a la Radio Galega, son políticas, no técnicas. Caride, a quien admiro, acusa al Partido Popular de ofrecer en muchas ocasiones plazos de ejecución en las obras que no se correspondían con la realidad. Se refiere al AVE, claro. Añade que todo el mundo sabía que los plazos de ejecución en las obras eran imposibles de cumplir. Y es que el Partido Popular, además de mentir por lo que se ve, era también un iluso. O sea, creía en los milagros. Si Dios había hecho el cielo y la tierra en seis días, estaba tirado que las obras del AVE gallego se pudiesen ultimar en pocos años. Como buena agnóstica, Caride cree que los milagros no existen sobre todo si los hace el PP. Es natural. El Gobierno siempre considera que lo suyo es lo guay y que la oposición se come a los niños crudos. Fácil es echar la culpa a los demás. A lo mejor me equivoco. Yo estudié el catecismo del padre Astete que describía la fe como creer lo que no vimos y el AVE es, sobre todo, una cuestión de fe. Los gallegos en general creeremos en el tren, cuando veamos las obras. Los plazos, las inversiones, los incumplimientos no son cuestión de fe. Decía Thomas Browne que «creer solamente en lo posible no es fe, sino simple filosofía».