LA TRIBUNA | O |
30 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EL AYUNTAMIENTO de Paradela acaba de instalar un repetidor de televisión digital terrestre porque tiene varias parroquias en sombra. El primero de Galicia en hacerlo. Extraño, pero cierto. Digo que es extraño que un alcalde de zona rural se preocupe de que sus vecinos tengan cobertura de televisión digital. Porque, ya se sabe que eso es un problema de las empresas que distribuyen la señal, públicas o semipúblicas, y por tanto si se recibe la señal, bien, y sino, también. Es tan extraño que un alcalde instale un repetidor de televisión digital, como que llegue a un acuerdo con las empresas de telefonía móvil para que en todo su municipio haya cobertura. También sería muy extraño que un alcalde firmase un convenio con una empresa de cableado para dotar a todo su municipio de banda ancha. O, por ejemplo, que crease un conservatorio de música y baile tradicional para sus vecinos. Es que los alcaldes no están para estas cosas, pero el de Paradela debe de ser un tipo raro, raro. Los alcaldes, hasta ahora, estaban para poner farolas en las casas. Y para asfaltar lo que hiciese falta: caminos, corrales, carreteras o campos de la feria. Y para poner aceras de hormigón hasta dos kilómetros más allá de la última casa del pueblo o de la última leira. Algunos, más avezados, incluso quieren pintar las presas de los embalses y ponerle luz al gran muro de hormigón. Y es que un alcalde tiene que venerar el hormigón. Pero que empiecen los alcaldes a preocuparse por la televisión digital terrestre es un peligro. Porque la comunicación aviva los cerebros, y de la TDT se pasa al satélite, y a la comunicación global. Y luego los vecinos a lo mejor piden viajar, o bibliotecas, escuelas o universidades, y acaban por conocer la legislación que afecta a los ayuntamientos y a los alcaldes. El de Paradela está poniendo en peligro su oficio.