TRIBUNA | O |
04 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.YA se sabía que los políticos son ambivalentes, variopintos y polifacéticos. Pero cuando el templo de Jano abre sus puertas para las elecciones, eclosionan y flipan. Lo digo por el alcalde de Pontevedra Miguel Ángel Fernández Lores que se bañó días pasados en las aguas del Lérez para promocionar las obras de saneamiento del río. Fernández Lores fue médico en el municipio de Pol y promocionó el Bloque Nacionalista Galego en la comarca. Que los políticos se mojen es deseable, pero que se bañen en público tiene mérito. La gente se baña religiosamente en el sagrado río Ganges, en la India; Manuel Fraga Iribarne lo hizo atómicamente en Palomares y hasta Jesús de Nazaret lavó los pies a sus discípulos antes dela última cena. Estoy por pedirles a Xosé Clemente López Orozco, alcalde de Lugo y a Joaquín García Diez, ex regidor y candidatos ambos a las próximas elecciones municipales a celebrar entre la primavera y el verano del año que viene, que se bajen al río Miño a purificarse antes de entrar en combate. Las aguas del río Lérez son líricas pero las de nuestro padre Miño, heroicas. Unos largos río abajo bastarían para demostrar que las aguas miñotas son potables y cardiovasculares. Contaba el polifacético Xosé Manuel Carballo lo de aquel alcalde chairego que, debiendo salir para Madrid para realizar diversas gestiones en pro de su municipio, todavía lo encontró un extrañado vecino recogiendo patatas en una leira. «En recollendo este cesto, lavo os pés, e voume», le explicó. Ablucionarse en política es un símbolo, una liturgia, un rito sagrado. Un político limpio, por fuera y por dentro, es gloria bendita.