La cabra de Belesar escapó al cerco

Carlos Cortés
Carlos Cortés CHANTADA

LEMOS

En directo | Persecución entre las cepas Guardias civiles y vecinos tratan sin éxito de capturar al animal que esquilma desde hace días los viñedos en Chantada. Los viticultores piden que alguien la cace

01 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?a cabra de Belesar escapó ayer a una operación de captura en toda regla. Ocho vecinos y dos agentes de la Guardia Civil trataron de echarle el guante durante varias horas, pero el animal siempre conseguía zafarse en el último momento. Los viticultores de la zona está cada vez más preocupados, porque los daños en las viñas son mayores cada día que pasa. Quieren que las autoridades den permiso para cazarla. «E se non veñen para pegarlle un tiro, ¿para que veñen?». Así recibió alguno de los viticultores que ayer presenció la frustrada operación de captura la noticia de que los guardias civiles que acababan de llegar a Belesar no podían utilizar sus armas en esta cacería . Vecinos y viticultores llevaban todo el puente festivo a pie de viña tratanto de espantar al animal, un macho de unos setenta kilos de peso con uno de sus cuernos roto desde la base. Ayer decidieron llamar a la Guardia Civil a primera hora de la tarde, después de conseguir rodear a su pieza en un espacio reducido entre unas rocas y los bancales plantados de cepas de esta parroquia de Chantada. Con un perro Un coche patrulla con dos guardias se presentó en el lugar a los pocos minutos, pero no para cazar a la cabra, como esperaban los vecinos, sino para ayudar a capturarla viva. En principio, la cosa no parecía imposible. Entre guardias y paisanos eran diez personas y tenían un perro que podía ayudarlos, y además la res ni siquiera parecía nerviosa por su presencia. Pero no hubo manera. Una y otra vez, sus perseguidores se le acercaban poco a poco hasta casi poder tocarlo, pero en el último momento, el animal reaccionaba y escapaba a la carrera o a saltos de un bancal a otro. A última hora de la tarde, tuvieron que desistir. Tras la fracasada cacería, algunos viticultores decidieron investigar si hay alguna posibilidad de obtener autorización para que un cazador o las fuerzas de seguridad puedan abatirla a tiros o, al menos, utilizar dardos con tranquilizantes para capturarla. Todos parecen haber desistido ya de dejar pasar el tiempo para ver si el animal decide cambiar de aires. Sus correrías por los bancales situados encima del cementerio de Belesar no decrecen. Al contrario, son cada vez más frecuentes. Su voracidad ha echado a perder ya algún viñedo completo y los afectados echan cuentas de lo que van a dejar de vendimiar y vender este otoño, en una zona en la que sólo las bodegas más grandes tienen algún tipo de seguro.