Un sueño jacobeo cumplido

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Crónica | La atracción del Camino de Santiago Una pareja de madrileños verá cumplida una de sus ilusiones, vivir y trabajar en una zona rural. Abandonan toda su vida en Madrid para abrir un albergue en Pintín

15 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El camino Francés vuelve a demostrar una vez más los motivos por los que es considerado casi como mágico. Su poder de atracción consiguió en esta ocasión que una pareja afincada en Madrid, aunque él es valenciano de origen, lo dejen todo para aventurarse en el negocio de la hostelería construyendo un albergue en Pintín, a pocos metros del casco urbano de Sarria entrando desde Samos. José Antonio Ruiz y Paloma Rodríguez hicieron el camino en cinco ocasiones y a la sexta decidieron quedarse. Hace cuatro años comenzaron a buscar un lugar en el que establecerse y hace tres compraron la finca en la que en la actualidad están a punto de finalizar la construcción de un albergue privado. Las instalaciones que esperan estrenar oficialmente aproximadamente en el mes de mayo comprenden cinco habitaciones dobles con baño, una individual reservada para un hospitalero y dos grandes estancias con 12 literas cada una. En total ofertarán 35 plazas. Uno de los servicios que ofrecen como novedad respecto a otras instalaciones de este tipo son las caballerizas. Instaladas al lado del albergue, reunirán todas las comodidades para atender a los animales de las numerosas personas que hacen la ruta a caballo. La opción de ofertar caballerizas parece que tendrá éxito y de momento ya tienen reservadas habitaciones y cuadras para una escuela de hípica que viajará la segunda semana de mayo. El establecimiento ofrecerá a los peregrinos la posibilidad de cenar y desayunar. No funcionará como restaurante para comer, pero los que deseen probar los potajes y guisos de Paloma o los distintos tipos de arroces caldosos de José Antonio podrán hacerlo si hacen la pertinente reserva. Esta pareja de madrileños es la segunda de fuera de Galicia que decide encaminar su vida profesional en Sarria mediante la explotación de un albergue. El otro establecimiento de personas que no pudieron resistir la llamada del Camino está enclavado en la rúa Maior y regentado por vascos. José Antonio y Paloma vendieron todo lo que habían logrado en una vida de trabajo y se trasladaron desde Torrelodones a Pintín con las alforjas cargadas de ilusión y convencidos de cumplir uno de sus grandes sueños. Seguro que el camino les agradecerá su fidelidad y sacrificio y apoyará su aventura empresarial.