Sanidad, cosas que no cambian

RAMÓN RODRÍGUEZ

LEMOS

TRIBUNA | O |

27 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

MI PADRE espera tres meses para hacer una ecografía en el hospital comarcal de Monforte y uno más para ver de nuevo al médico. Las listas de espera... Son el icono preferido de los políticos. Ocupan un lugar prominente en sus programas electorales y en los intercambios dialécticos entre el gobierno y la oposición. ¿Y los que las sufren? Como usuario de la sanidad pública estoy harto de la idea de legislar un tiempo, más allá del cual el paciente irá a los hospitales concertados privados. Me indigna que la mínima crítica al respecto haga saltar a los emporios sanitarios privados, como en el caso de Vigo, para recordarle a la conselleira de turno la factura anual real de «clientes» tratados, y lo que es más curioso, las inversiones y locales comprometidos. El mundo al revés. Descapitalizan la sanidad pública para invertir en la sanidad privada. Pagamos los laboratorios y el escáner de esos hospitales e incluso nos envían directamente a ellos porque son ya como de la «Casa del Sergas». Y medran sus facturas e infratestructura al mismo tiempo que lo hacen nuestras listas de espera. Lo mismo pasa con las leyes de incompatibilidades de los médicos. Nunca temblaron las clínicas privadas. Recuerdo siempre una escena a la que asistí en cierto hospital público. Un doctor abre la puerta de la sala, se asoma, y le dice a los familiares con ojeras de diez centímetros: «Ahora van entrando uno por uno y me dicen el número de la habitación». Entra el primero, apoya el médico la mano en la manilla de la puerta y de pie, de forma telegráfica, comenta la situación y el resultado del análisis. Sale otra mujer sorprendida y le dice a su compañera de habitación cómo le cambió la cara al médico al decirle que había estado en su consulta privada. La puerta se abre de nuevo y grita el médico: «¡Siguiente!».