Adiós a los cipreses de Nogueira

La Voz C.???C | CHANTADA

LEMOS

Reportaje | Infraestructuras y paisaje La ampliación de la carretera de Os Peares condena a los cuatro árboles más característicos de esta parte de la ribeira chantadina

20 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

EL ÚLTIMO BAILE. Este domingo volvieron a Nogueira las máscaras del Entroido Ribeirao. Peliqueiros y volantes danzaron en la huerta de los cipreses. Para el próximo carnaval los árboles ya no estarán ?os peliqueiros del Entroido Ribeirao bailaron ayer por última vez al lado de los característicos cipreses de Nogueira. Estos árboles tienen los días contados. La ampliación de la carretera que une Chantada con este pueblo de la ribeira del Miño los ha dejado sin sitio. Los cuatro cipreses de Nogueira forman la estampa más reconocible de esta parroquia, porque se pueden ver a considerable distancia, desde las bodegas de San Fiz y San Pedro, por ejemplo, y también desde la otra orilla del río, ya en O Saviñao. Estos viejos cipreses se encuentran en medio del pueblo, en lo que antes era una huerta perteneciente a la Iglesia y muy cerca de la antigua casa rectoral y la escuela que funcionó durante décadas en la aldea. Es imposible pasar por Nogueira y no verlos, porque están al lado de la carretera que en tiempos comunicaba Chantada con la ahora desaparecida aldea de Sernande, anegada por el embalse. Esa carretera, que ahora llega hasta Os Peares, es la principal vía de comunicación entre las parroquias ribereñas chantadinas y la Diputación lleva años financiando su ampliación por tramos. Las obras están a punto de llegar a Nogueira, y las excavadoras entrarán en la antigua huerta del cura para hacer un desmonte que permita mantener el nuevo ancho de la carretera también dentro del pueblo. Los vecinos son ahora los propietarios de la huerta y, al parecer, no han puesto impedimento alguno a la retirada de los árboles. En su decisión influyó probablemente que los técnicos no han encontrado una solución mejor. No es posible ensanchar la carretera hacia el otro lado, porque entonces habría que tirar una casa de piedra en la que vive una familia.