A Fraga, un camino de uvas y leña

C. Rueda | F. Albo MONFORTE

LEMOS

Una senda de la ribera del Sil, en Sober, ofrece un especial interés etnográfico y paisajístico La antigua ruta, de dos kilómetros, aún es utilizada hoy en día en las labores vitícolas

18 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?n el sur lucense no son muchos los caminos centenarios, como el de A Fraga, que todavía se conservan transitables. La razón de su buen estado es que hoy sigue utilizándose, como antaño, para acceder a las viñas situadas en esta zona de la ribera soberina. Los vecinos de Outeiro, Algueira, O Noguedo, Paradela y Pinol de Abaixo recorrían a diario este sendero para ir a trabajar las viñas, acarrear la uva y transportar la leña que recogían a orillas del Sil. Aún hoy se siguen sacando las uvas de estas viñas en sacos y cestos, a lomos de mulos. Pero cuando el sendero no era transitable para las caballerías había que llevar la uva a las bodegas en cestos cargados «ao carrelo». En la vendimia se hacían unos seis viajes al día, con cestos de entre 35 y 45 kilos. En el trayecto desde las viñas de la ribera hasta el pueblo de O Noguedo había varios «pousos» donde se depositaban los cestos para descansar, como los de Casarellos y As Tapadas. El vecino Germán Pérez recuerda cómo bajaba por este sendero hasta la ribera. «Saíamos de casa cando amañecía e non volvíamos ata que se puña o sol. Cuando había festas en Sober, marchábamos á verbena despois de subir da viña», explica. Cuando no era el tiempo de la vendimia, los vecinos aprovechaban el trayecto de regreso de los viñedos para subir a hombros, casi a diario, «fachucos» o atados de leña. La más apreciada era la de «xardón» (encina de pequeño tamaño), aunque también recogían todo tipo de arbustos. Primero la cortaban y la dejaban secar durante diez o quince días para que pesara menos. También subían madera para fabricar carros y corcho extraído de la corteza de los alcornoques que crecen en la zona, con el que elaboraban colmenas y tapones. La mayor parte de la leña era recogida en la ribera ourensana. Para llegar a la otra margen había un sendero que partía de las viñas hasta la cabaña -llamada choza por los lugareños- de A Beaca. A partir de aquí el camino se bifurcaba. El ramal de la derecha iba al lugar de O Forte, a orillas del Sil; el de la izquierda bajaba al río pasando por la zona de Os Hortos Sinxelos y finalizaba en los lugares de O Xabai y Xurbiá. En O Xabai, una roca sobresalía en medio del río y sobre ella se apoyaban dos troncos para unir ambas orillas. Así se traía la leña desde la ribera ourensana. Caminata El camino de A Fraga empieza en el centro del pueblo de O Noguedo, junto a la casa del mismo nombre. Al cabo de 300 metros llega al lugar de As Fontelas, donde se halla un peñasco llamado Penedo do Mouros. Según la tradición local, los mouros se escondían dentro de sus grietas. A partir de aquí el camino se ramifica. Hay que tomar el desvío de la derecha. La ruta pasa por el lugar de Valdomás y llega al de Os Casarellos en el kilómetro uno. Ahora el camino da paso a un estrecho sendero. A la derecha queda la ribera de A Somoza y el arroyo de Algueira, que movía en tiempos siete molinos harineros. El sendero da después un giro a la derecha e inicia un brusco descenso en zigzag por la ladera entre encinas y alcornoques de considerable tamaño y restos de muros y socalcos pertenecientes a viñedos abandonados hace ya varios lustros. La ruta llega después al lugar de O Monte da Cruz, donde se empiezan a ver las primeras viñas bien aterrazadas, en terrenos de extrema pendiente. El sendero finaliza en unos viñedos, a la altura de una cabaña en la que se guardan aperos de labranza y que también era utilizada como refugio en caso de mal tiempo. Al lado se encuentra el Penedo do Fume, que debe su nombre al hecho que junto a él se encendían hogueras para mitigar el frío y preparar la comida. Un elemento singular de esta zona son los naranjos que crecen entre los viñedos gracias a las benignas temperaturas de la ribera. También llaman la atención los huecos que se practicaron en los gruesos muros de los viñedos para guardar las herramientas y protegerlas de la intemperie. Esta zona también fue lugar de refugio para los fuxidos en la Guerra Civil y la posguerra. Los huecos de las rocas y algunas construcciones que había en las viñas sirvieron de refugio en aquellos tiempos agitados.