El don de Rodríguez Zapatero

LEMOS

En directo | Segunda visita oficial a Lugo del presidente del Ejecutivo El titular del Gobierno dedicó su visita relámpago a la ciudad a repartir abrazos y apretones de manos. Para comer, se detuvo lo imprescindible para catar el pulpo

04 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

A Zapatero le fue difícil arrancar. Ninguna dama quería perderse un beso suyo y los caballeros se apuraban en estirar la mano. Desde la plaza de Avilés hasta la caseta de La Barra el presidente se tomó su tiempo, complicándole la tarea al equipo de seguridad. Saludó a los ediles del gobierno local -que acudió en pleno y formó para recibirle-, a alguno de los pocos comerciantes que tenían abierto a la una de la tarde y también a los periodistas. Nos confesó su admiración por el Noroeste y la deuda del Gobierno estatal con esta parte de la península, dejó claro que no había visitado ninguna comunidad tanto como la gallega y manifestó su obligación «por llevar las obras adonde más falta hacen». En plena conversación, Touriño asentía y recordaba que «iso estase demostrando nos presupostos», mientras que Orozco se empeñaba en explicarle a Zapatero las gestiones municipales realizadas para salvar el edificio del antiguo sanatorio García Portela, de estilo racionalista. ZP conoce bien Lugo y con la de ayer ya van cinco visitas desde el 2001: dos como presidente. Alterna las corbatas azules y las rojas, pero prefiere éstas para hacerse las fotos con un plato de pulpo en primer plano. Los Blanco Su llegada al ferial fue seguida por muchos curiosos. Saludó a Aurora do Carballiño, la pulpeira que cocinó para él y para casi cien políticos, empresarios y representantes judiciales, constructores, veterinarios, etcétera .... Antes, se hizo una foto de familia en la que los Blanco -Fernando y José- posaron juntos. Fue posible colarse en el interior de la caseta varios minutos, el tiempo justo para comprobar como el alcalde le presentaba al presidente uno a uno a todos los invitados, que apenas compartieron media hora con el presidente una mesa en la que no faltó el cefalópodo, carne ao caldeiro , empanada y vino de Ribeira Sacra. La apretada agenda le impidió a Rodríguez Zapatero disfrutar de una caseta cerrada al público y flanqueada por hombres de negro. No fueron razones suficientes para frenar a unos turistas italianos que caminaban por el paseo y que descubrieron al presidente. No tuvieron el más mínimo reparo en golpear la ventana para saludarle. Zapatero demostró una vez más que tiene don de gentes. Sólo consiguió ponerse serio cuando conversó con Paco Pestana, y ni siquiera se sonrojó cuando, a su llegada a la plaza de Avilés, el público le aplaudió y las presentes le jalearon: «Guapo, guapo». Con palmoteos llegó y se fue. Desde la caseta hasta el coche oficial que le llevaría a Madrid estuvo flanqueado por el regidor, el presidente asturiano y el delegado del Gobierno, entre otras personalidades. Luego, sus acompañantes volvieron a la caseta a tomar café.