Los hospitales ourensanos atienden una media anual de tres mordeduras de víboras Las altas temperaturas y la sequían agravan el efecto de los ataques de ofidios
10 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.No es, desde luego, un problema prioritario para la administración sanitaria, ni siquiera un gran quebradero de cabeza para quienes viven en contacto directo con el medio natural, pero sí es cierto que la proliferación de víboras es un riesgo real en la provincia y en Galicia. En el Complexo Hospitalario de Ourense fue atendida este verano una persona con una mordedura venenosa y no es infrecuente que alguien llegue pidiendo ayuda médica con una serpiente muerta en la mano. El balance habla de dos o tres casos de mordedura de víbora al año. «Na provincia -comenta el responsable del área de urgencias del hospital Cristal, José Antonio Carballo- hai moitas e, canto máis seca sexa a zona, máis potente é o veleño». Las mordeduras, abunda, se producen, fundamentalmente, en las manos y en los pies. La relativa importancia del número de casos y, sobre todo, el elevado riesgo que un ataque de este tipo puede comportar para la salud, han animado a los médicos de urgencias del complejo hospitalario a incrementar su formación con un curso específico para distinguir las especies y perfeccionar la actuación asistencial. El veneno puede ser mortal y, de hecho, en la última década se ha producido alguna defunción tras una mordedura. La reacción del cuerpo humano tras un ataque de víbora es de dolor e inflamación de la zona mordida, en diferente grado según la calidad y la cantidad del veneno. Más grave es la posibilidad de que se produzca una alteración en el sistema de coagulación sanguínea, con hemorragias y trombosis generalizada. Pasos a seguir La actuación a seguir en caso de una mordedura, explican los médicos, es realizar un torniquete en la extremidad afectada para dificultar la circulación del veneno por el resto del organismo y acudir de inmediato a un servicio de urgencias hospitalarias, donde, entre otras medidas, se aplica al paciente un suero antiofídico. El naturalista ourensano Pablo Rodríguez Oitabén recomienda, además, «non poñerse nerviosos e evitar moverse moito para que o sangue -explica- circule despacio hacia o corazón». Oitabén aporta un dato clave para la identificación de las víboras frente a otras serpientes: tienen la pupila vertical, como los gatos, frente a la redondez de otras culebras. Entre las anécdotas, el naturalista recuerda haber visto la especie más abundante en la provincia en la Serra do Xurés y en zonas altas de Monterrei. La denominada víbora de Seoane, más escasa en Ourense, fue avistada por Oitabén en Beariz y O Rodicio. El riesgo, dice, es pisarla, de ahí la importancia de llevar los pies cubiertos al caminar por el monte. No es infrecuente, resalta, que el paseante la confunda con una raíz.