LA TRIBUNA | O |
09 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.ES SABIDO que en los últimos días de junio y primeros de julio todos aquellos que han tenido que sufrir el someterse a las pruebas correspondientes al final del curso escolar se dedican al análisis de los resultados, y a la consecuente programación, bien de cara a los dos meses inmediatos bien de cara al siguiente y superior curso, en función de los resultados obtenidos. Con la coincidencia habida este año entre el final del curso escolar y el final de un ciclo político en Galicia, que ha durado el equivalente a muchos cursos escolares, concurre en este lapso temporal con un avanzado estado de gestación, alcanzado el sosiego luego de las iniciales interpretaciones, el pacto para la formación de un nuevo Gobierno autonómico. Al margen de la hipotética posibilidad de un tamayazo , han de aplicarse tanto los estudiantes como los políticos en resolver sus problemas. Y así como hay de los primeros que aplican el «pasa de todo tío», hay de los segundos que realizan análisis tan peculiares que lo único que hacen es ponerse una venda sobre los ojos en un suicida afán por no reconocer la evidente realidad. Un ejemplo de lo último lo tenemos en José Manuel Barreiro, quien de ostentar un cargo de relevancia y de aspirante en breve a la presidencia del Ejecutivo ha pasado a ser un hipotético líder de un partido decadente y que realiza unas evaluaciones de resultados con los comités de su partido que han de suponer un auténtico regocijo para las huestes enemigas. Claro que la procesión va por dentro y una cosa es lo que se dice y otra lo que se piensa. No estaría de más que tales evaluaciones y análisis, al menos por lo que se refiere a la comarca de Sarria, sirvieran para aprender la lección, reconocer los errores de ya muchos años, poner fin al empecinamiento en sostener lo insostenible, realizar acto de contricción e iniciar una nueva etapa con suelta de lastres.