Reportaje | Los puntos negros del casco urbano Pese a la recuperación de varios espacios, en Ourense perviven aún lugares abandonados en puntos estratégicos que emborronan la imagen que percibe el visitante
09 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Un turista cumple con la tradición y visita las Burgas. Maravillado por el agua que mana a 67 grados se queda perplejo cuando levanta la vista y contempla los edificios de las traseras que están a punto de irse al suelo. «Esto es como si llevas un traje caro con una camisa blanca pero tiene una mancha de café», sentencia. El guía de la excursión que le acompaña ataja la conversación y aclara: «Aquí el Ayuntamiento va a rehabilitar toda esta zona y quedará muy bonita». El turista, esquivo, hace un mohín de desconfianza. El hecho, ocurrido la pasada Semana Santa, probablemente se haya reproducido en términos similares en anteriores ocasiones. O ayer mismo. Los mismos turistas que ponderan las virtudes de un casco urbano coqueto, arreglado sobre todo en el centro, seguro reparan en otras muchas vistas que afean la capital. Algunos puntos estratégicos esperan que alguien se acuerde de ellos. Solares abandonados El diseño de la capital se desarrolla con arreglo a las estipulaciones del plan de urbanismo, el catecismo de los gestores municipales para concebir la ciudad del futuro. Pese a que en su momento se dijo que permitiría poner en el mercado más de un millón y medio de metros cuadrados de suelo edificable, los solares siguen siendo igual de caros y su repercusión en el precio final de la vivienda, muy alto. Los propietarios de suelo residencial lo retienen en espera del mejor postor. Mientras, las zarzas se adueñan de su superficie y si hay edificación vieja, amenaza ruina en muchas ocasiones. La ejecución del nuevo documento de planeamiento, en vigor desde mediados del 2003 deja a la iniciativa privada una gran responsabilidad. Las nuevas edficaciones que se programan se conciben con espacios menos agobiantes y pequeñas zonas verdes. Algunos pasos comienzan a darse en esa dirección. Un ejemplo se da en A Ponte, al lado de la futura sede de la Policía Local. Entre las calles Basilio Álvarez y Remedios se está concibiendo una gran manzana con varios bloques y un gran espacio público en su interior. Desde el punto de vista público, el desarrollo va más lento. El propio plan de urbanismo prevé inversiones en ocho años que ascienden a 244 millones de euros que, por el momento, no están comprometidos por las administraciones. El PXOM deja esas actuaciones en manos del Concello, la Xunta y el Gobierno central, pero el dinero viene a cuentagotas. El patrimonio de los ríos La capital tiene el privilegio de estar surcada por varios ríos, uno de ellos de gran entidad, caso del Miño. Pese a los esfuerzos por su recuperación, su estampa dista mucho de la que sería deseable. Los paseos que se están construyendo en ambas orillas hasta Outariz permiten adivinar el color verde mezclado con el azul de las aguas. Hacia la desembocadura del Loña se está interviniendo para crear nuevas zonas de recreo, pero una mirada hacia Oira delata cierto abandono del tapiz de césped plantado hace un par de años y bastante desnutrido. Aguas arriba del Loña, hacia Mende, su curso va escondido entre la maleza impracticable. Por su parte, varios tramos del paseo del Barbaña revelan que el mantenimiento no es bueno y que el cauce espera un saneamiento que, por fín, parece va a ser pronto realidad. Muchos de estos escenarios no se han deteriorado de un día para otro. La mayoría permanecen abandonados desde hace décadas. Su recuperación se antoja lenta y de momento ofrecen una postal fea.