Un sueño muy accidentado

La Voz X. C. | LUGO

LEMOS

PRADERO

Crónica | Juicio por un delito contra la seguridad del tráfico Un joven, culpado de conducir bebido, sostiene que se echó a dormir en su coche y cuando despertó había tenido un accidente. Negó que él fuese el conductor

28 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?e auténticamente increíble e incoherente calificó el fiscal la versión que ayer ofreció en un juicio un joven conductor acusado de un delito contra la seguridad del tráfico. El chaval tuvo, según contó, un sueño muy accidentado porque cuando se despertó, después de haberse echado a dormir plácidamente en su coche con la música puesta, se encontró con golpes en la cabeza y con el coche de su padre destrozado. Pero él aseguró no fue el culpable del percance porque juró que no había conducido el coche. Le echó la culpa a un amigo. Ni el fiscal, ni la Guardia Civil se creyeron. Resulta que, según el fiscal, Ángel F.?B., de 24 años, condujo un coche propiedad de su padre en las primeras horas de la madrugada del 30 de julio del año 2003 y, en el kilómetro 526 de la N-VI, en Pacios (Begonte) tuvo un accidente en el cual resultó herido. El vehículo que supuestamente conducía se salió de la vía, chocó contra unas piedras existentes en la cuneta y acabó estrellándose contra un árbol. En el lugar quedaron unas huellas de la trayectoria del vehículo de entre 50 y 60 metros. Como consecuencia del impacto, el conductor resultó lesionado. Salió del coche y fue a pedir auxilio a una casa. Posteriormente una ambulancia lo trasladó a un centro asistencial lucense. El fiscal y la Guardia Civil sostuvieron que el joven iba bebido, aunque no le fue practicada la prueba. Tal afirmación la sostuvieron por el hecho de que olía a alcohol, tenía ojos brillantes y un comportamiento exaltado. Hasta ahí la versión oficial de los hechos. De aquí en adelante es la del propio Ángel que nada tiene que ver con la anterior. Esa noche estuvo en varios bares de Rábade y, como mucho bebió una cerveza. Fue a llevar a un amigo a casa, volvió a Rábade y se echó a dormir en el coche porque la cerveza le sentó fatal. No sabe si encendió o no el coche; lo que recuerda es que puso la música y que se quedó sopa. Cuando despertó estaba en el asiento del copiloto y sangrando por la cabeza. Acto seguido pidió ayuda en una casa de Pacios. La fiscala le preguntó si había aparecido en el lugar del accidente por control remoto y el respondió que no lo sabía. «Yo no conduje el coche. Desperté allí», señaló el acusado. La acusación pública se fijó particularmente en varios detalles. El acusado le contó a un amigo que había bebido tres o cuatro cervezas. En un principio reconoció que él conducía pero después se desdijo y, además, su padre dio parte del accidente a la compañía de seguros e hizo constar que su hijo era el conductor. Ángel negó que tomara más cervezas de una, reiteró que el no condujo el coche y de lo que decía su padre, aseguró no ser el responsable. Un agente de Tráfico, autor del atestado, manifestó categóricamente y, sin ningún tipo de dudas, que el acusado era el conductor porque en el lugar no apareció ninguna otra persona y porque los dos jóvenes que había citado como conductores ni siquiera habían estado con él esa noche. El letrado del conductor hizo referencia a las incongruencias del atestado.