PUNTO DE VISTA | O |
26 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.QUE LA primordial actividad de cualquier especimen humano que se dedique a la política es la propaganda resulta algo de todos sabido, tal y cual ello fuere innato en el desarrollo de la vocación de servicio a la colectividad, y que las instituciones públicas de todo tipo se dediquen más a alardear de forma pomposa de sus proyectos, actividades y divagaciones es algo igualmente por todos asumido. Pero lo que los sarrianos estamos viviendo en los últimos tiempos sobrepasa cualquier límite que pudiera uno imaginarse existiera en relación a la pompa, el jabón y la gratuita -o no tan gratuita- adulación. Así cualquier cosa que se pretenda, se haga o anuncie como hipotéticamente previsible a corto, medio y largo plazo será objeto de tal desarrollo propagandístico que quien no esté muy al tanto de la cuestión puede llegar a pensar que sufriremos una auténtica revolución que concluirá con la completa transformación de Sarria. Pero la realidad es bien distinta. Todo es un aparatoso montaje digno del mayor de los propagandistas. Comunicados, ruedas de prensa, filtraciones, presentaciones y cartelones no son más que fuegos de artificio que en poco tiempo veremos convertidos en humo. Se anuncia todo, se hace que sea noticiable la plantación del vegetal más insignificante, la limpieza de una calle, el pintado de una barandilla y que parezca extraordinario todo aquello que debería ser ordinario, común, habitual. Se busca a toda costa la fotografía en prensa. Y hornada tras hornada de propaganda vemos como los auténticos problemas siguen sin resolverse. El Ayuntamiento es un ejemplo de morosidad, de falta de planificación y de no llevar a cabo las funciones que le competen. Ejemplo, solución al problema del agua de Manán, prohibir el consumo en lugar de atajarlo de raíz.