LA TRIBUNA | O |
19 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.CON ocasión de un viaje a Cuba, uno de los acontecimientos más celebrados por el autor y sus acompañantes fue el ver la actitud de un grupo de trabajadores del sistema revolucionario ante un considerable montón de arena en una obra. Apoyados por una pala manual, riendo las gracias de los turistas y con evidentes y muy escasas ganas de doblar el espinazo. Tal imagen la he revivido hace escasos días, día soleado y a media mañana, en la parte alta de la sarriana calle Mayor. Un grupo de mozos, y mozas, en pleno trajín conversador, equipados con atuendos fabriles, dotados de palas y carretillas y hasta con la lúdica imagen de uno de los varones acostado en el montón de arena. Resultan ser de dominio público las dificultades con la que se encuentran los mentores de las escuelas talleres -obradoiros, si se prefiere- para completar sus plantillas, ya que no hay muchos jóvenes dispuestos al enrolamiento. Como también lo es que la supervisión y control del desarrollo del cometido de tal tipo de actividades deja mucho que desear. Ahora bien, al menos las formas deberían guardarse un poco y la actitud pública de los jóvenes dotados de fuertes brazos y en plenitud de la vida ser bien distinta. De verdad que resulta penoso el contemplar, día sí y día también, como se dilapida el dinero público en el sostenimiento de un tinglado que sirve como un engranaje más de la maquinaria de la propaganda política a la que estamos tan acostumbrados que nos parece ya hasta normal. Mientras tanto, las anunciadas obras de rehabilitación de la iglesia de El Salvador y del edificio de la antigua prisión -éstas en un nuevo eslabón de una cadena de varios años- siguen a un ritmo muy pero que muy pausado. Quizá lo que se busque es la promoción turística de cara al verano, con gente en lo mejor de la vida tomando el sol sobre la arena, subvencionados... y a falta de playa.