Un reino oculto y poco accesible

Francisco Albo
Francisco Albo MONFORTE

LEMOS

Las cavernas de O Courel y sus alrededores, según los expertos, ofrecen un gran interés para el turismo de aventura, pero nunca podrán recibir visitas masivas

16 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?n la sierra de O Courel y en las zonas limítrofes se conoce la existencia de más de cien cavernas de muy variadas formas y tamaños, algunas de las cuales gozan de gran celebridad entre los aficionados a la espeleología por la espectacularidad y el colorido de sus formaciones rocosas. Pero el aprovechamiento turístico de este importante patrimonio natural, según sus conocedores, tendrá que mantenerse siempre dentro de unos límites bastante reducidos. «Prácticamente en todas las cuevas de la sierra que ofrecen interés hay que arrastrarse en alguna parte del recorrido o pasar por lugares que implican cierto grado de riesgo», explica Ramón Vila, secretario del club espeleológico Arcoia, con sede en Quiroga. «No hay ninguna gruta con galerías suficientemente anchas como para permitir hacer toda la visita de pie, ni tampoco es posible habilitar pasarelas u otras estructuras para facilitar el tránsito. Aquí no hay ninguna forma de organizar algo parecido, por ejemplo, a las cuevas de Valporquero, en León, que son visitadas por cientos de personas sin pasar por más complicaciones que un simple paseo a pie», agrega. Las opciones para visitar estas cavernas, por lo tanto, son hoy por hoy bastante escasas. Una de ellas es la de pertenecer a una asociación de espeleólogos. La otra es apuntarse a la oferta de alguna empresa de turismo de aventura que organice visitas guiadas a estos parajes subterráneos, facilitando a los clientes el material necesario. En este último terreno, Ramón Vila cree que la zona ofrece notables posibilidades que no están siendo totalmente aprovechadas. A su parecer, no sería demasiado difícil llevar visitantes sobre todo a las cuevas de Arcoia, Aradelas y Ceza, o a la sima de Teixeira, que figuran entre las más interesantes y llamativas de Galicia. El grado de dificultad de la visita puede variar mucho según los casos. Para bajar a la cueva de Aradelas, en la parroquia de Esperante, es preciso utilizar 140 metros de cuerda y un equipo de progresión vertical. En la Buraca das Choias, cerca de Visuña, en cambio, sólo se necesitan botas, casco y una lámpara de carburo, aunque en ella también hay que reptar durante unos metros. Al atractivo que ofrece de por sí el interior de estas cavidades naturales hay que sumar el del paisaje que los rodea. Como señalan los integrantes de Arcoia, las entradas de la mayoría de estas cuevas se encuentran en espacios naturales de gran belleza. En ciertos casos, el simple recorrido a pie desde la población más próxima hasta la boca de la gruta ya conforma por sí solo una interesante ruta de senderismo. «Pero también opino que esas recorridos de turismo de aventura, en caso de que lleguen a potenciarse más, no deberían masificarse en exceso, porque hasta las más grandes de estas cuevas son más bien pequeñas y bastante frágiles. En todas hay que pasar por algunos sitios muy estrechos y aunque uno vaya con mucho cuidado, es fácil golpear alguna formación caliza y deteriorarla», puntualiza Ramón Vila. Destrozos vandálicos La prevención del espeleólogo quirogués es bastante lógico si se tiene en cuenta que algunas de las cuevas más pequeñas y más fácilmente accesibles ya han sufrido hace tiempo los estragos del vandalismo. Es el caso, entre otras, de las grutas de Santalla y Quintá de Lóuzara, en Samos, donde numerosas estalactitas y estalagmitas han sido mutiladas en los últimos años. En tiempos recientes, un funcionario del Instituto Geográfico Nacional denunció a la Dirección Xeral do Patrimonio la situación en que se halla la primera de estas cavidades.