El apoyo de algunos vecinos permitió a José Castro resistir veinte años en la clandestinidad. En Sernande y Santa Uxía estaban dos de sus muchos escondites
08 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.La presa de Os Peares le estropeó uno de sus mejores escondites a O Piloto. El llenado de este embalse a finales de los años cuarenta obligó a dejar sus casas a los vecinos de la aldea chantadina de Sernande. Una de ellas era utilizada como escondite por José Castro y su grupo de guerrilleros en su primera época, la más activa. Esther González Lage es la cuñada del dueño de aquella casa, ya fallecido. Hoy se ríe recordando el apuro que pasó la noche que ella y su marido compartieron techo con O??????Piloto: «Me decían 'están arriba ¿quieres verlos?', pero no quise, Me impresionaba mucho aquella gente». Este matrimonio de Chantada viajaba aquel día hacia Ourense vía Os Peares. Sus cuñados de la Casa do Barqueiro de Sernande los habían invitado a hacer un alto allí para pasar la noche. Ni ellos ni Esther sospechaban que iban a coincidir con el grupo de bandoleros -así los llamaba la prensa del régimen- más buscado de Galicia. «Era una casa grande, tenían sitio para esconderse bien», recuerda. Aquel día ella no llegó a ver a ninguno de los bandoleros . No quiso subir al desván con su cuñado Emilio para saludarlos. Cuando ellos se despertaron a la mañana siguiente, los fugitivos ya no estaban. Se habían levantado en plena madrugada para marcharse a otro de sus refugios, la casa de otro hermano de Emilio en el pueblo de Santa Uxía do Asma, a varias horas de distancia a pie. Llegaron tarde Esther asegura no saber a ciencia cierta por qué sus familiares daban cobijo a estos fugitivos. «Mi marido, que como todos sus hermanos sabía lo que estaba pasando, tenía miedo por lo que le pudiese pasar a Emilio si lo descubrían. Recuerdo que decía: 'No sabe en qué lío se va a meter'». Por suerte para Emilio, la Guardia Civil no se enteró hasta que ya fue tarde. Él y su mujer abandonaron Sernande a finales de los años cuarenta, obligados por la construcción en Os Peares de la primera central hidroeléctrica del río Miño. Cuando la Guardia Civil fue a buscarlo, él y su esposa ya habían emigrado a Venezuela. Los guardias preguntaron entonces a sus hermanos. «Mi marido Darío les dijo que no sabía nada, se fueron y ya no volvieron a venir», recuerda Esther. Para entonces, O Piloto y los suyos ya habían encontrado otros refugios. Resistir tanto tiempo sin caer necesitaba de una amplia red de apoyos, construida sobre una mezcla de complicidades ideológicas y compromisos personales, y protegida de delaciones por el miedo a las represalias de los maquis que quedasen libres. Uno de esos refugios era la casa de Rosa (no es su nombre real, pero esta mujer prefiere no identificarse). En 1941 se casó y se fue a vivir a casa de su marido en una parroquia ribereña de Chantada. Tenía 21 años y ningún interés por la política y dice que las razones de su esposo para ayudar a O Piloto tampoco eran ideológicas. «Fue por amistades, que te piden cosas y te meten en un compromiso», dice. Fue Largo Caballero El amigo que llevó a O Piloto a su casa era un hombre vecino de la parroquia de Nogueira conocido por el expresivo sobrenombre de Largo Caballero y que actuaría como enlace de la guerrilla en la zona. Los hombres de O Piloto llegaban siempre de noche y se marchaban antes de que se hiciese de día. «Nunca avisaban, unas veces llegaban nos pedían comida y se volvían a marchar al momento y otras pedían pasar la noche en casa». A veces era sólo O Piloto, y otras iba acompañado con una parte de sus hombres, en todo caso nunca más de tres o cuatro. Y nunca venía ninguno de ellos si no era con el jefe del grupo. Cuando se quedaban de noche, a la mañana siguiente ya se habían ido. En ese escondite no llegaron a pasar ningún día entero. Rosa cree que todos en el pueblo sabían lo que ocurría. Pero nadie lo denunció, y eso que entonces allí vivían no menos de un centenar de personas. Como en el caso de Sernande, el refugio de la casa de Rosa le duró a O Piloto hasta que el matrimonio dejó el pueblo y emigró. Ella no volvió a oír hablar de O Piloto hasta 1965, quince años después de haberlo visto por última vez. Fue cuando dieron por la radio la noticia de su muerte. Lo había matado de un tiro un guardia civil en San Fiz. El entonces forense de Chantada Luis Vázquez Álvarez, examinó el cadáver y certificó su muerte en un escueto certificado de defunción en el que como única causa del fallecimiento consta una aséptica «hemorragia cerebral».