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Perfil de un empresario | Mario Fernández Un patrono que antes fue emigrante, que aporta salario y vivienda y que corre con los desplazamientos de fin de semana a Portugal de los miembros de su plantilla

15 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Mario Fernández de Andrade es uno de los empresarios portugueses que aporta mano de obra a las constructoras que operan en Lugo. Empezó de la mano de Vilocar, de Sarria, que con su crisis arrastró a la subcontrata lusa, que atravesó momentos muy difíciles por aquel entonces. Fernández se vio obligado a buscar nuevos clientes. Su buena fama entre sus colegas del sector de la construcción, avalada por varios conocidos empresarios que le encargaron trabajos, le abrió otros caminos. Su teléfono móvil figura en las agendas de una buena parte de los asociados de la APEC. El empresario luso, de Marco de Canabeses, también fue emigrante. Es responsable de dos firmas: Construcciones Fernández de Andrade Silva y Andraco Construcciones, ambas familiares. Cuenta con una plantilla de 198 empleados, de los que 150 están repartidos por diferentes puntos de España. Tiene personal trabajando en Lugo, Sarria y O Vicedo, Madrid, Santiago y Ourense. Alojamiento incluido Las cuadrillas de Fernández de Andrade suman medio centenar de operarios en estos momentos en obras de Lugo, todos ellos realizando estructuras para distintas firmas lucenses. En Augas Férreas está trabajando una de ellas, de nueve miembros. El industrial portugués aporta exclusivamente la mano de obra. Según asegura, paga a sus operarios religiosamente el convenio colectivo que está vigente en su país y que en este año dice se equiparará con el de Lugo. Supone 750 euros al mes por ocho horas de trabajo. Las horas extraordinarias las abona a mayores, según explicó. Según Mario Fernández, cada empleado le supone un gasto al mes de entre 1.750 y 2.000 euros. Porque, el empresario, aparte del salario y la Seguridad Social, les facilita alojamiento a sus empleados en pisos que el mismo tiene alquilados y un viaje a Portugal de un fin de semana cada quince días. A los más antiguos, los que empezaron con él en este negocio y que llevan de diez a doce años en la empresa, les sufraga también la manutención. Los operarios que no tienen antigüedad en la firma lusa cocinan en la vivienda que el empresario les facilita.