En directo | Sepelio de Manuel María Personas de muy diferente condición y forma de pensar participaron en silencio en el emotivo acto de homenaje y despedida que le fue tributado al poeta chairego
10 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El salmo del buen pastor fue seleccionado por Alfonso Blanco Torrado para comenzar el funeral por Manuel María, porque era uno de los textos elegidos por el propio poeta. También había pedido que en su funeral la Banda de Sober interpretase la Alborada gallega , de Veiga; Negra Sombra , de su admirada Rosalía y de Juan Montes, del que él reivindicaba sus orígenes de Outeiro de Rei, y la Marcha del Antiguo Reino de Galicia . Junto al féretro, un ramo de rosas blancas, con su poema dedicado a ellas que fue recitado por Fernán Bello antes de que fuese sepultado en el panteón familiar. Tras cantar el himno gallego, sólo un inoportuno viva a la República rompió el silencio que se guardaba en el cementerio viejo. Durante el acto civil, celebrado junto a la capilla de Santa Isabel, casi a orillas del Miño, también fue leído A terra faise en tí , poema dedicado a su mujer, Saleta. Paz, serenidad y bondad fueron los calificativos más empleados para definir el carácter de un hombre al que estos días alguien le atribuyó el título de «santo laico», según recordó el oficiante. Blanco Torrado también dijo que la variedad del público allí presente era el reflejo de la personalidad del poeta. Muchos de los intelectuales que durante la mañana y el día anterior habían pasado por la capilla ardiente acudieron también al funeral en Outeiro, incluido el presidente de la Academia Galega. Entre los políticos, Beiras, Francisco Rodríguez, el presidente de la Diputación de Lugo y el vicepresidente de la de A Coruña, los alcaldes de Lugo, Pontevedra, Outeiro, Monforte, Pantón y Rábade; el delegado de Cultura, varios diputados autonómicos, sindicalistas, miembros de organizaciones varias, concejales de numerosos ayuntamientos, entre ellos de los tres grupos del de Lugo, y muchos vecinos de toda la comarca. También había gran cantidad de antiguos compañeros de profesión vecinos de Monforte, ciudad en la que vivió muchos años. Prácticamente todos los que asistieron al acto en la capilla de Santa Isabel se quedaron hasta el final y recorrieron a pie los 800 metros que separan el templo del cementerio, por el arbolado campo tan ensalzado por el poeta.