Monumento geológico en el cauce del Lor

C. Rueda | F. Albo MONFORTE

LEMOS

CARLOS RUEDA

Las Penas dos Mulos, en O Courel, son grandes bloques de roca caliza arrastrados por los glaciares Piedras de varias toneladas dan testimonio de la evolución del clima en la sierra

16 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?erca del pueblo de Ferreirós de Abaixo, en O Courel, un singular monumento geológico se levanta sobre las aguas del Lor. Se trata de unos grandes bloques de piedra caliza de varias toneladas de peso que descansan sobre el cauce, en un lugar donde este tipo de roca no puede ser originario. Las grandes masas de caliza de O Courel y Ancares están a varios kilómetros y en esta zona el lecho rocoso es sobre todo de pizarra y granito, como sucede en tantas partes. Los peñascos, capaces de resistir cualquier riada, fueron arrancados de su lugar de origen y arrastrados hasta este paraje por uno de los glaciares que discurrían por la sierra en el Pleistoceno, hace decenas de miles de años. Son, por tanto, un buen ejemplo de lo que en geología se conoce como bloques erráticos. Para visitar las Penas dos Mulos hay que salir de Ferreirós de Abaixo por la carretera LU-651 en dirección a Seoane. A un kilómetro de Ferreirós, en el punto kilométrico 29, a la entrada de una curva, hay unos carteles de cotos y vedas de pesca. De allí parte un sendero de pescadores, a la izquierda de la carretera, que baja hasta el Lor. Tras recorrer este camino unos cincuenta metros, aparece la desembocadura del arroyo de Ferreirós, que se puede cruzar por unas piedras. Este lugar es conocido como O Caleiro, por la abundancia de piedra caliza. En la margen opuesta del río, se le conoce como O Dornín. El camino sigue por la margen izquierda del Lor, que forma profundas pozas al discurrir entre altas paredes verticales cubiertas de vegetación. A medida que avanza el camino se descubren en el cauce gruesos bloques de piedra calcárea, de menor tamaño que las Penas dos Mulos. En ciertos tramos, el camino corre a unos diez metros de altura sobre el río y hay que andar con cuidado. Al cabo de medio kilómetro, tres grandes bloques calizos, cubiertos de musgo y plantas llaman la atención por su tamaño y forma a ambos lados del cauce. La ruta ha tocado a su fin. Unos doscientos metros río abajo está el puente de As Arandainas, que forma parte del camino que comunica Ferreirós con la aldea de Sobredo.