Crónica | Exposición de Rubén Grilo bajo el título de «Ora et devora» El joven artista instaló en La Unión obras escultóricas, pictóricas y montajes de vídeo, que incluyen incluso reinterpretaciones de cuadros goyescos y de Manet
29 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.es el imperativo moral y el hilo conductor de la exposición que Rubén Grilo, artista sarriano, instaló en La Unión hasta el 7 de agosto. Bajo ese título se esconde toda una visión de lo que el autor llama la escatología cristiana y una reinterpretación de cuadros de Manet o Goya. Se trata de obras escultóricas, dibujos, montaje de vídeo, pinturas... ambientadas en un espacio con una iluminación tenebrosa y un montaje musical realizado por Maní sobre una obra de John Cage. es el título de la primera obra, basada en el Aquelarre de Goya. La originalidad de esta composición es que se trata de personajes maniqueos, y la figura de Satanás como pater . Rubén Grilo explica que «trátase do Pai, simbolizando o poder que historicamente representa a figura masculina, e precisamente para poñer en evidencia esa masculinidade ten un falo enorme». El lienzo al óleo se titula La muerte de Manet a las afueras de París . Personaje patetizado, y el objetivo de Grilo fue «levar o cadro de Manet, Entierro a las afueras de París, al absurdo». En el cuadro se observa la elevación de su alma, dentro de la lógica de la escatología cristiana que separa el cuerpo que queda en la tierra, del alma que asciende a los cielos. Es por eso que también aparecen las vísceras de Manet en la pintura. Una de las características de esta exposición es su carácter instalativo. El artista explica que intentó colocar las piezas fuera del espacio hierático. De hecho, la figura que mira el lienzo «perdeu a testa por contemplar o cadro de Manet». Los dibujos son bocetos que representan cabezas separadas de su cuerpo en la misma línea escatológica de la exposición. Una de las figuras más curiosas es el crucifijo realizado con dentaduras. En realidad, son una copia de los dientes del propio Grilo, que hizo un molde de su dentadura para realizar la obra. El leitmotiv es el espíritu nutritivo de la iglesia, a través de un sistema de control y de la figura del padre que da de comer a sus hijos. De hecho, los personajes que acompañan el macho cabrío son figuras que comen tiza, símbolo de la comunión, «do canibalismo de dar de comer cada domingo o corpo e o sangue de Cristo», comenta el artista.