Estampa de un día distinto

Jesús Manuel García OURENSE

LEMOS

PILI PROL

Crónica | Fiesta en el Cañón do Sil La tranquilidad del paraje donde se asienta el monumento se vio alterada por la jornada inaugural de una mañana peculiar en la que no faltaron las anécdotas

28 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Fue una jornada social, de trajes negros, grises marengos y azules, en medio de tanta piedra y belleza artística y natural. Al quedar descubierta la placa, la batuta de Xosé Lois Foxo hizo sonar el Himno do Antigo Reino de Galicia con la Real colocada en tres niveles del claustro principal. El párroco llevaba bajo el brazo el bendicional para el obispo, pero no hubo tal bendición. La ministra lució traje chaqueta rojo y sus ojeras características. Hubo momentos de cierta frialdad hacia ella por parte de Fraga, algo advertido por muchos cuando al acabar el acto inaugural, el presidente salió a cien dejando a Espinosa con la mano tendida en el aire. Las bandejas de canapés corrían por el claustro Pequeno mientras unos criticaban los canalones o los remates de cemento pero, eso sí, coincidiendo todos en que la restauración es espectacular. La comitiva, en la que estaban los conselleiros de Cultura y Emigración, delegados provinciales, el presidente de la Audiencia, el subdelegado del Gobierno, empresarios, representantes de la Universidad, recorrió el edificio. El obispo está encantado con el resultado del convenio de cesión del cenobio por casi un siglo; Baltar no soltaba la mano de su esposa; Fraga leyó su discurso sin lágrimas. Y el secretario de Turismo del Gobierno central, Raimón Martínez, advirtió a pie de micro que había perdido las gafas. Fraga se levantó y le dejó las suyas. «Uy se ve demasiado», dijo Martínez, pero leyó y usó los lentes de don Manuel a ratos como si nada. El alcalde de Nogueira, Julio Temes, temblaba como un flan ante el micrófono. ¡Ay los nervios! Pero salió del paso animando a todos a disfrutar del parador.