El debate de la salud mental

La Voz

LEMOS

Crónica La asociación de enfermos mentales de Monforte, Albores, presentó una guía para la correcta utilización del lenguaje en los medios de comunicación sobre estas dolencias

16 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?a asociación de enfermos mentales de Monforte, Albores, presentó estos días en la ciudad del Cabe una guía de treinta páginas titulada «Salud mental y medios de comunicación. Guía de estilo». Como bien recoge el título, se trata de un pequeño manual de estido dirigido preferentemente a los periodistas. Es un intento de que desaparezcan los vocablos ofensivos para los enfermos mentales y las informaciones que puedan transmitir de ellos una imagen despectiva o de peligrosidad que no es real. Y aunque los periodistas marcamos en alguna medida la utilización del lenguaje, también es cierto que cualquier persona en su conversación diaria con otros interlocutores debería tener en cuenta algunos de los ruegos que la agrupación española de enfemos mentales transmite en esta guía. Los datos demuestran que el 25% de la población sufre algún tipo de trastorno mental a lo largo de su vida y que este porcentaje se incrementará en los próximos años. Por tanto, conviene no utilizar un lenguaje que en algún momento nos pueda ser aplicado a nosotros mismos de forma ofensiva. Denominación humana La guía pide, por ejemplo, que se dejen de utilizar palabras como trastornado, perturbado, psicópata, loco, o incluso enfermo mental. Prefieren denominaciones como «persona con enfermedad metal» o «con problemas de salud mental». Recomiendan igualmente que no se encasille a las personas por su enfermedad y desaparezcan las etiquetas de esquizofrénico, depresivo, maníaco, anoréxica o psicótico. Sería más humano y menos agresivo utilizar formas como: una persona con esquizofrenia, con depresión, etc. Desde luego, tampoco deberían utilizarse ya en ningún caso palabras manicomio o psiquiátrico, porque en la actualidad ya no existe la reclusión, el internamiento, el encierro ... en ese tipo de lugares. Se trata de centros de salud mental, centros de día o centros de rehabilitación, en los que se produce un ingreso como en otro hospital más. Debido a la excesiva utilización del vocabulario médico -y a veces con muy poca fortuna en los términos técnicos- se describen situaciones de la vida o actuaciones personales -ya al margen de la salud mental- como «paranoicas», cuando lo que realmente se quiere aplicar son otros adjetivos como caótico, irracional o extravagante. En definitiva, la inadecuada utilización de términos médicos especializados (muy de moda en la actualidad), o la herencia del lenguaje medieval, cuando cualquier enfermo era un «loco»; nos traicionan frecuentemente y nos llevan a menospreciar o a estigmatizar socialmente a personas que en la mayor parte de los casos simplemente están pasando una enfermedad transitoria. A los periodistas Pero, además de la población en general, la asociación de enfermos mentales pretende concienciar especialmente a los periodistas. Ya no sólo en la utilización de las palabras y el léxico hasta ahora comentado, sino también en el tratamiento informativo. Y en este aspecto, la asociación pide que se eviten los titulares morbosos o alarmistas y las imágenes negativas que no contribuyen a normalizar la situación de los enfermos mentales. Reclaman igualmente desde el colectivo que no se vincule la violencia y la salud mental, ya que es bastante frecuente encontrar noticias relacionadas con sucesos violentos en las que se cita que el acusado o presunto autor sufre una enfermedad mental, cuando no está probado que así sea, ni mucho menos que una cosa esté relacionada con la otra. Con este tipo de conceptos e intenciones, las asociciones de enfermos mentales pretenden que los medios de comunicación informen con conceptos y términos exactos, y en ningún caso confundan y propaguen aún más estos errores. Por último, la asociación mofortina Albores, igual que el resto de asociaciones de España, insisten en recordar a los periodistas que la mayor parte de las enfermedades mentales no son visibles y que, por tanto, no se debe etiquetar, sino incluso alejar la enfermedad mental de la crónica de sucesos.