LA TRIBUNA | O |
13 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.ATERRIZA el presidente de la Xunta en Sober en medio de un pelotón de altos cargos para inaugurar una residencia de ancianos. Rodeado de vecinos, imparte doctrina liberal diciendo que la Xunta reconoce y apoya la implicación de las entidades privadas y que éstas enriquecen el sistema público gallego. Puestos a pensar, la realidad es más testaruda. No nos equivocamos si afirmamos lo contrario: es el sistema público el que está enriqueciendo a las empresas privadas. Tenía entendido que en un sistema capitalista las empresas buscan el máximo beneficio, sea en el sector de las hortalizas o en el de los abuelos. Pero están tan ansiosos los alumnos-alcaldes de probar este invento en Bóveda o Pobra do Brollón que esta experiencia amenaza con extenderse. Los elementos de este negocio son sencillos: el terreno donde se construye la residencia suele ser de todos, reciben subvenciones, les recortan impuestos y las tarifas ya no se fijan en función de la pensión, sino que son fijas. Una vez abandonado por el Estado el derecho constitucional a una pensión suficiente, no nos cambiarán las sábanas cada día, los empleados de estos centros tendrán contratos basura, salarios bajos, harán horas extras. Y nuestro dinero, que debía apuntalar un sistema público de residencias sirve para destruirlo financiando negocios privados de ancianos.