Terra adentro Monforte y Quiroga acogieron dos conciertos de música clásica el pasado fin de semana: un dúo de violín y arpa y un quinteto de viento
19 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?a filarmónica de Monforte acaba de ofrecer el primer concierto del año, en la Casa de la Cultura, a cargo del violinista Crtomir Siskovic y la arpista Simona Mallozzi, formación poco habitual en los conciertos. Se trata de dos instrumentos distintos en timbre, afinación, posiblidades expresivas e incluso en su historia. Abre el concierto una sonata de Gaetano Donizetty, una muestra de música de cámara, menos conocida que sus óperas; está estructurada en dos movimientos, alejándose de los cánones de Cerelli; el larghetto inicial, después de una introducción del arpa, se desarolla por el violín un tema melódico sobre el fondo de arpegios de aquella, mientras que el allegro es de carácter rítmico en el que los dos instrumentos se funden de manera perfecta. Sigue otra sonata, esta es para violín solo, en do mayor, de Giuseppe Tartini, célebre violinista, compositor y teórico, sobre todo por su obra El Trino del Diablo . La sonata que escuchamos consta de los cuatro movimientos lento-rápido-lento-rápido de la sonata de Chiesa, y en todos ellos el violinista tiene que sortear las dificultades de las dobles cuerdas, pizzicati, saltillos, ete, que Tartini exploró magistralmente, y que Siskovic resolvió perfectamente. De Alessandro Rolla se nos ofreció Preludio y tema con variaciones , con un cierto sabor galante y cierto perfume a Mozart, contemporáneo y admirado. La introducción se desarrolla con alternancia de los dos instrumentos, el tema es sencillo y de carácter homófono y las cinco variaciones son expuestas alternativamente por el violín y el arpa con acompañamiento del otro. El resultado es de una evidente elegancia y belleza. Terminó la primera parte con el esloveno Uros Krek, una música del siglo XX pero de unos efectos tímbricos y rítmicos interesantes, de difícil y correcta interpretación. Segunda parte La Chanson de nuit , para arpa sola, de Carlos Salzédo, da comienzo a la segunda parte. Parece oportuno señalar que este compositor, de origen francés y emigrado a Estados Unidos, fue un consumado intérprete e innovador del instrumento. La obra es una suerte de nocturno en el que brillan la delicadeza y el colorido del arpa, interpretado magníficamente por Simona Mallozzi, cuyos finales cautivaron al público. De Camille Saint-Saëns pudimos disfrutar de su Fantasía Op. 124 , a mi juicio la obra de mayor interés musical del concierto, sin menoscabo de las restantes. Escrito originalmente para violín y arpa, fue dedicada a las hermanas Eisler. Como sugiere su título, prima la inspiración y la improvisación sobre el aspecto formal, alternando pasajes melódicos y rítmicos del violín siempre con la apoyatura del arpa, en perfecto ensamblaje. La muestra de música española fue Introducción y Tarantela Op. 43 de P. de Sarasate, bien conocida. Y terminó el concierto con El Canario, de M. Poljakin, un ejemplo de música imitativa y moderna, una filigrana del violin con las cuerdas al aire en la parte aguda y otros efectos, bien secundado por el arpa. Respondiendo a los intensos aplausos nos regalaron una sobria interpretación de las Szardas , de Vittorio Marti. El concierto nos permitió escuchar dos instrumentos bien diferentes, por un lado el violín, sobradamente conocido, pero no tanto el otro, del que dijo Wagner que había empledado seis arpas en el final del Oro del Rhin , para que los dioses entraran en el Walhalla con música celestial.