DESDE LA GRADA
15 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Joyas, en su significado de cosas de mucha valía, las hay de muchos tipos. Desde la pintura hasta la literatura, pasando por el cine, la escultura o la música, todas las artes engloban ejemplos de gran valor y prestigio. Hoy en Monforte podremos admirar dos juntas de similares características, una de ellas permanente, siempre presente, la otra de paso por estas tierras. Hablamos de arquitectura, citando a esa construcción majestuosa bautizada como Nuestra Señora de la Antigua, popularmente la Compañía, y de automóviles, aquellos que forman la particular caravana de una prueba automovilística para coches clásicos. Desde los míticos Lotus hasta los carismáticos Jaguar, pasando por la singularidad de Porsche o Mercedes, la línea de los Alfa, los rasgos de BMW, o los más populares Seat o Austin Mini. Todos ellos cuidados con esmero por unos propietarios que han decidido conservarlos como sus particulares tesoros para disfrute de ellos y de quienes los ven circular por el enrevesado asfalto de nuestra autonomía. El pasado año, la villa de Sarria fue punto de concentración y salida de un evento del motor que nada tiene que ver con la velocidad y que marca todas sus estrategias en la regularidad. Ahora es Monforte quien goza de un evento curioso y que mira al pasado, a épocas con filosofías distintas a las actuales, con autos que mucho distan de los que hoy pueblan nuestras carreteras. Pequeñas grandes joyas del motor en un marco presidido por otra de la arquitectura, todo unido para disfrute de pequeños y grandes, en algo que claro queda no se contempla todos los días.