La vida prosigue sin Montserrat

m. b. | o barco

LEMOS

Crónica | Sin novedad en el caso de la joven asesinada en el 2001 Ayer, cuatrocientos vecinos buscaban en Coín (Málaga) a la chica que desapareció el pasado jueves. Un acontecimiento que reabre heridas en Viana

18 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

En Coín, una localidad malagueña, continuaban ayer las labores de búsqueda de una joven, Sonia, que desapareció el jueves tras una noche de fiesta. La estampa resulta familiar en Viana donde los vecinos protagonizaron, hace más de dos años, una cruzada similar. La pista de Monserrat Martínez se perdió cuando volvía a su casa después de una noche de marcha. Una semana después apareció su cadáver. Todavía no se conoce al culpable del asesinato. Y la estampa de Málaga trae recuerdos negros a la localidad ourensana. A Montse sus compañeros la recuerdan como una chica tímida. Era objeto de frecuentes burlas debido a su corta estatura, de las que nunca se defendía. Son muchos los que aún no entienden que alguien pudiera tener algún motivo para matarla. Otros piensan que la razón fue precisamente esa: que parecía la víctima más débil. La aparición del cadáver de Montse desató la caja de los truenos en el municipio. Los vecinos, impacientes por encontrar al culpable, buscaron una cabeza de turco sobre el que volcar la responsabilidad del caso. El elegido: un joven de la villa que había mantenido un breve romance con la chica. Dos días después de que apareciera el cadáver todo el mundo le señalaba como el asesino: se llegó al extremo de formarse manifestaciones espontáneas frente a la puerta de su casa, donde el chico y toda su familia permanecían encerrados. Por estos incidentes, perdió su empleo. La investigación La violación, a pesar de que la rumorología apuntaba en esa dirección, fue descartada desde el principio por la policía. La creencia general era que la investigación sería breve y el crimen se resolvería en seguida: durante los días siguientes a la aparición del cadáver se recogieron en los alrededores muestras de todo lo que pudiera arrojar alguna luz sobre el caso. En los jardines de la villa no quedó ni una sola colilla que no fuera recogida y analizada. Las investigaciones posteriores revelaron que Montse no fue asesinada allí, si no que fue arrastrada hasta el lugar con le objetivo, se supone, de ocultar el cadáver. Todas las pruebas recogidas resultaron, pues, inútiles. Es un lugar muy concurrido, donde se acercan parejas, paseantes o jóvenes en busca de un sitio tranquilo donde hacer botellón. Los restos recogidos correspondían a vecinos que no tenían nada que ver con el caso. La policía consideró que en el hospital de O Barco no estaban preparados para la autopsia. A pesar de ello, se realizó allí. Duró apenas unas horas. Los vecinos achacan a la policía un exceso de confianza y poca diligencia en las investigaciones. La gente de la villa se volcó con la familia: casi todos sus habitantes acudieron a las manifestaciones para pedir justicia y en pocas semanas se recaudaron más de siete millones de pesetas para que pudieran personarse como acusación particular en el juicio. Lo que sí echó de menos la policía fue la colaboración vecinal en la investigación: quienes podían aportar alguna pista sobre lo ocurrido se taparon unos a otros. Nadie quería hablar del tema. Si para quienes conozcan el caso desde fuera resulta sorprendente que en una localidad que no alcanza los cinco mil habitantes no se haya podido encontrar al autor del crimen, para sus moradores no resulta tan extraño. Algunos predijeron hace dos años que nunca se sabría que ocurrió. El tiempo parece darles la razón. Para ellos, un pueblo pequeño como Viana do Bolo es una cúpula donde se cubren unos a otros. Las sospechas Mientras la investigación continúa estancada, las sospechas de los vecinos se dirigen al entorno familiar de la propia Montse. La negativa de sus parientes a autorizar la segunda autopsia ordenada por el juez, unida a la falta de interés demostrada en que prosiga la investigación, provoca la extrañeza de los habitantes de la villa. Ante esto, la familia alude al sufrimiento que le causan las pesquisas. Este verano, los jóvenes han regresado por las noches a los jardines. Vuelven a verse parejas en busca de intimidad y grupos haciendo botellón. Las aguas del río, por muy revueltas que anduviesen hace apenas un par de años, parece que vuelven a su cauce. Y la vida continúa. Sin Montse.