LA TRIBUNA | O |
09 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.QUE LA POLÍTICA municipal anda muy pero que muy revuelta en Sarria es cosa de todos sabido. Así hemos vivido un tiempo en que las presiones de toda índole, las amenazas y las injurias han convivido con el legítimo ejercicio de la libertad de expresión por parte de muchos ciudadanos que, a favor y en contra de la situación generada, se manifestaron y remitieron escritos a los medios de comunicación, publicándose parte de las misivas recibidas, siendo algunas de ellas verdaderas joyas de la prosa y otras, buen ejemplo del peor de los resentimientos. Como todo es opinable en modo alguno puede verse mal que cualquier ciudadano se exprese, respetándose siempre los principios tan esenciales como los de la educación y los de la firma, poniéndose así fin a tiempos pretéritos en los que por los cobardes se utilizaba el escudo del anónimo o el del seudónimo identificable. Los sarrianos hemos soportado expresiones en prosa y en verso, auténticamente deleznables, haciéndonos recordar el dicho de tirar la piedra y esconder la mano. Con todo el pasquín, que a medio de fotocopia a todo color de montaje fotográfico, estos días circula y que tiene como protagonistas a dos de los tres miembros del equipo de gobierno y al portavoz del PP supera todas las cotas imaginables, tratándose de una auténtica grosería y que merece no sólo el mayor de los reproches, sino el desprecio de cualquier ciudadano. Se trata de ese tipo de actuaciones que debería terminar en el juzgado, si bien la cobardía del autor, al escudarse en el anonimato dificulta cualquier investigación. No se trata de coartar la libertad de expresión ni el de la crítica política por muy agria que sea, se trata de poner coto a actitudes, antigallardas, delictivas y cobardes. El autor, o autores, deberían tener el valor de dar la cara