LA TRIBUNA | O |
30 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.AL MISMO tiempo que aparecieron destrozadas las farolas del Parque dos Condes de Monforte, fue preciso retirar la caseta de información turística ubicada en la vecina plaza de la Compañía debido a los ataques nocturnos de fin de semana que padecía. Nada nuevo. Meras variantes de un viejo deporte local, del que existen otras modalidades; quemar papeleras, arrojar contenedores llenos de basura al río Cabe.... Entretenimientos simples y primarios, que sin duda proporcionan a quien los practica una satisfacción tan honda como la de aquel entrañable y proverbial tonto que agitaba una pandereta o aquel otro que decoraba las paredes con un lápiz. Una diversión sencilla, absorbente y repetitiva como un juego de niños. La única diferencia es que la edad biológica de los practicantes de estos juegos -no así la psicológica, claro está- ya dejó la infancia muy atrás. Y el problema es que estos pasatiempos -además de darle a la ciudad un aspecto mísero y repulsivo- son demasiado caros para un sitio como Monforte, con unas arcas municipales muertas de risa.