Un apasionado del Camino

Begoña Núñez SARRIA

LEMOS

Crónica | José Miguel Puertas, peregrino de La Rioja Tras diecisiete años peregrinando ininterrumpidamente una vez más este riojano visita tierras gallegas y en pocos días volverá a ver cumplida su ilusión de ver al Apóstol

21 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Esbelto físicamente pero fuerte de espíritu, una fuerza que él mismo dice se la da el Apóstol. Así es José Miguel Puertas, aunque como buena leyenda del Camino de Santiago es más conocido como El Peregrino de La Rioja. El nombre lo tiene bien merecido porque no falta a su cita año tras año, esta es la decimoctava vez que pasa por tierras gallegas. Hombre de afable sonrisa y agradable palabra ha sabido ganarse muchas amistades «A un pueblo sé cuando entro, pero no cuando salgo, como paso siempre por las mismas fechas hay gente que lo marca en los calendarios». A sus 59 años todavía presenta una forma física envidiable que le permite recorrer los kilómetros que hay entre Saint Jean Pied de Port (Francia) hasta Santiago, para finalizar en tierras de Finisterre. «Allí a veces me quito la barba y la tiro al mar». Una tradición que -cuenta- siguen muchos peregrinos. Un hombre incansable que asegura: «no paro en todo el año, los sábados y domingos hago una media de 25-30 kilómetros caminando. Allí también reparto calabazas y vieiras que recojo en Finisterre». El mejor testimonio de cómo ha ido evolucionando el Camino de Santiago desde 1985 nos lo puede dar él. «Antes los caminos estaban sin marcar, preguntaba a la gente para que me ayudase.». Cuando empezó iban 1500 al año, una cifra que se registra ahora diariamente. Opina que hay muy pocos peregrinos hoy en día, que la mayoría son turistas. En sincronía con la naturaleza, sintiéndola, es como él disfruta el Camino. Encarna una forma diferente de peregrinación que define muy bien: «Hace falta sufrir, pasar calamidades, yo la gozaba cuando me mojaba, tienes que llorar cuando te sale una ampolla, dormir en corrales, pajares». Se confiesa un hombre creyente. Esta creencia es la que lo motiva a emprender anualmente su ruta, una ruta en la que, a pesar de ser la misma, descubre cosas nuevas. No sabe cuál es la fuerza que lo empuja, dice: «El Camino te engancha, no sé lo que tiene, sólo el de arriba lo sabe. Todo el peregrino que hace el Camino lo vuelve a repetir. Cada año aprendes una cosa más». Para este tradicional caminante las sensaciones que recoge del Camino son muchas. «Al peregrino le gusta ir solo, en meditación., hay gente que va con el rosario», aunque él nunca se siente solo. «Yo voy siempre con compañia aparte de que voy con el Apóstol». Buen conversador Amigo de la charla sosegada procura hacer el Camino sin prisas porque dice: «Hay peregrinos que se levantan a las cuatro con una linterna como los mineros». Él se toma su tiempo, sale tarde de los albergues, recopila nuevos detalles que le han pasado desapercibidos y tiene un momento para obsequiar a un amigo con calabazas que él mismo cultiva en el vivero forestal donde trabaja. Son Calabazas que -dice- fueron sustituidas por las cantimploras y que él mismo deseca, decora y ofrece como recuerdo de su paso. Si este año no lo han visto podrán esperar al año que viene porque dice que le da pena terminar el Camino y que a Santiago no le pide más que salud para poder hacerlo otra vez.