La pasividad judicial fue una de las causas del homicidio de Santo Grial

La Voz LA VOZ | LUGO

LEMOS

PRADERO

Las múltiples denuncias de la mujer sobre su ex marido no llegaron a ser atendidas La víctima sabía que podía morir y avisó a una amiga íntima dos semanas antes de ser acuchillada

08 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?e nada sirvieron las numerosas denuncias que Marta López Sanz formuló en los juzgados, en la comisaría y en la fiscalía lucense por malos tratos y amenazas contra su ex marido. La pasividad institucional acabó manchada de sangre en la madrugada del 10 de febrero de 2002. La mujer murió de una certera cuchillada por la espalda. Juan Carlos Dacal Piñeiro, que ayer fue juzgado en la Audiencia Provincial, le cortó la vena cava superior y la arteria aorta al clavarle los más de 20 centímetros de hoja de un ruín cuchillo jamonero que, aunque acabó doblándose, sin embargo segó la vida de Marta. El fiscal reconoció que esta joven mujer, que llevaba unos dos años separada oficialmente de Juan Carlos, con el que tuvo un hijo, recurrió desesperada a la fiscalía porque en los juzgados no le hacían caso. El Ministerio Público pidió que fuesen adoptadas medidas pero éstas llegaron tarde. Marta incluso recurrió en noviembre del año 1999, es decir tres años antes de morir, a la Asociación de Mujeres Separadas de Lugo porque ya su matrimonio era un calvario. Tras la separación, empeoró su situación. El fiscal dijo que Juan Carlos quería seguir viviendo con ella e, incluso, la insultaba, le dañaba el coche, la perseguía, y la insultó hasta diez veces en el contestador del teléfono. En definitiva, un rosario de ataques y amenazas que no fueron resueltas. Marta temía por su vida y dos semanas antes de morir incluso se lo hizo saber a una amiga íntima a la que advirtió que, si le pasaba algo, el autor sería su ex marido. Juan Carlos, apenas quiso ayer recordar nada. Negó que insultase y amenazase a su ex esposa y hubiese sido posible que rechazase ser el autor de su muerte si no fuera porque en su momento confesó a la policía, aunque tardó en hacerlo 48 horas desde que fue detenido en Rábade. Jacobo Cela, el joven abogado que defendió al homicida ante el tribunal del jurado, advirtió que éste había matado a su ex mujer, pero aclaró que lo hizo en un estado de total enajenación si bien recordó que, al fiscal «ni tan siquiera se le ocurrió que fuese revisado por un psiquiatra». Aclaró, basándose en algunos testimonios que aportó, que las relaciones entre la pareja no eran tan malas como se había puesto de manifiesto y, en tal sentido, recordó las llamadas que en las horas previas al homicidio le hizo al acusado Marta López. El propio acusado indicó que jamás maltrató a la mujer y apuntó que lo único que tenían eran discusiones como cualquier matrimonio, que acabó rompiéndose porque, según dijo, ambos eran incompatibles. El fiscal y la defensa pidieron que le fuesen impuestos 15 años de cárcel.