Perder la razón

La Voz

LEMOS

A TRIBUNA | O |

04 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

J. GARCÍA BERNARDO YA HABLAMOS de la ética y de la estética de la política de Sarria. Hoy le corresponde el turno a la razón en su afección política y de regla con la que se dirige los asuntos de interés y utilidad social. Los acontecimientos de los últimos días demuestran que a pesar de tenerla se puede llegar a perder la razón, y el sentido y el raciocinio, por mor de actitudes que en nada ayudan a la concordia. La política da lugar a situaciones y matrimonios inesperados, constituyendo paradojas de difícil explicación, pero el respeto a las normas de juego incumbe a todos. Cuando se pierden la razón y la capacidad de raciocinio se producen ofuscaciones como las de estos días, donde la crispación social puede alcanzar cuotas nunca vistas ni imaginadas en Sarria. Ya no es que algunas personas sean más o menos educadas, que los insultos y amenazas sean la constante de la actuación pública, que los edificios públicos y privados sean lugar de explayo de sentimientos de venganza y rencor. Lamentablemente es más. Porque se están generando enemistades entre amigos de toda la vida, imputaciones y falacias entre vecinos, parientes y conocidos. Los radicalismos alteran la convivencia de tal forma que pueden desembocar en trastornos graves. No puede confundirse la libertad de expresión con la imposición de las ideas, ni puede pretenderse el boicot al funcionamiento de las instituciones en beneficio de orientaciones interesadas. Déjense los líderes políticos de fomentar el odio y pónganse a trabajar. Sean claros y precisos y defiendan el interés de la colectividad sin hablar entre líneas. Digan exactamente lo que piensan y no lo contrario. Asuman el juego de las mayorías sin espantadas toreras. Ya habrá tiempo de profundizar acerca de responsabilidades políticas y del origen de la diversión social que vivimos.