Las orillas del río ofrecen un curioso espectáculo en Monforte mientras las obras y los desmontes provocan ruido, polvo y mucha expectación por parte de los vecinos
05 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?mbellecer una ciudad tiene un precio. Monforte lo está pagando con las obras del río Cabe. Las palas han tomado posiciones en las riberas y los camiones circulan con soltura por donde antes subían truchas. Cuando un paseo por la orilla te hace recordar los restos de una batalla, el pensamiento que te invade está claro, que el resultado merezca la pena. La expectación que las obras han despertado en la ciudad son directamente proporcionales al número de curiosos que se agolpan en los puentes y en las pocas orillas que quedan transitables. O sea mucha. Así que, preguntando, descubrimos que en Monforte hay un índice altísimo de ingenieros jubilados. Todos los mayores saben la inclinación que va a tomar la ladera, el tipo de piedra, y que el dragado se está haciendo bien y es necesario. Antonio es uno de ellos. Nació en el barrio de San Vicente y recuerda cuando bajaba con su madre al lavadero del río y los peces «se collían cas mans de tantos que había». También asegura que la mitad de las casas de Monforte se hicieron con la grava que se sacaba del río. Ahora la grava también se quita, pero su destino es bien distinto. El campo de fútbol del colegio de los Escolapios aprovecha el escombro más pesado para ponerse a la altura -del campo contiguo- y un terreno junto a la presa sirve de almacén provisional hasta que no se le encuentre utilidad al escombro. El espectáculo de las obras no tiene fin, y un hombre cruza el río encaramado en el cazo de una de las palas. Al público sólo le falta aplaudir. La aportación exótica la hacen un pato y sus siete polluelos con una clase práctica de natación en el cauce equivocado, el del lodo. La corriente va por el otro lado y los camiones por el centro. Los cisnes ni se inmutan. En general mucho barro, cantos rodados y laderas desmontadas; pura trinchera. El objetivo parece ser un paseo del estilo del que se está construyendo en la orilla del patio del asilo y que va bastante avanzado. Faustino, uno de los camioneros, asegura que las obras se quieren acabar para el verano. La pregunta es inevitable: ¿De qué año?. La respuesta predecible: risas y levantamiento de hombros. Entonces una última sugerencia, limpien antes de irse.